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lunes, 28 de diciembre de 2020

X, 35. Otra «nibola» (2013-2014)


Echas la vista atrás, a esta nibola por entregas de hace unos años, y notas qué escasito queda siempre esto del cambio histórico. Si no fuera por las mascarillas.

III, 33. Otra «nibola», 1. El rumano preguntón (23-7-2013). Mientras lo espera, Francesillo de Azcoitia, que es de Carabanchel Alto, hojea el Memorial que acaba de publicar su primo Francesillo de Zúñiga, quien sigue recorriendo mucho mundo o muchos siglos. Quedaba claro desde el principio que «el batiburrillo de la actualidad se ordena y comprende mejor desde el esperpento».

III, 34. Otra «nibola», 2. El paco-esperpento (26-7-2013). Los dos inventores del esperpento, el bufón Francesillo de Zúñiga y Goya, departen en el túnel del tiempo reversible, por donde circulan, observan y escriben otros Pacos del hispánico realismo esperpéntico. En España todo el que escribe y sobre el que escriben se llama Paco.

III, 35. Otra «nibola», 3. En Pleno mes de agosto (29-7-2013). En la playa de la Plaza de Oriente, un pleno del Congreso: animado debate de convidados de piedra presenciaba Francesillo.

III, 36. Otra «nibola», 4. El contagio de las palabras (8-8-2013). «Las palabras es que se contagian mucho. Extendida la epidemia, había las que se tornaban en acomodaticios comodines», así liderazgo y gobernanza. Que nadie supo jamás por qué, se aplicaron a Mariano y ZP, que, si nombrados cuando niños Marianín y Papes, habían alcanzado «la cumbre de sus chiquilladas en el ocho mil monclovita».

III, 37. Otra «nibola», 5. Las primadas (18-8-2013). Francesillo de Zúñiga, por «Despeñaperros, uno de aquellos topónimos que el esperpento dictaba, de rato en rato, al mapa», vuelve a comprobar que «nada hay más inestable que el pasado».

III, 38. Otra «nibola», 6. El conferenciante (28-8-2013). «Subterráneos históricos permitían a Francesillo de Zúñiga ir del futuro al pasado y viceversa, haciendo fugaz escala en el presente. También simultanear escenas», «de modo y manera que aquellos hechos diferenciales de las taifas y los reinos medievales, de las regiones y los cantones modernos, de las autonomías postmodernas, quedaban abolidos en un pispás pancrónico».

III, 39. Otra «nibola», 7. La Vuelta a España (1-9-2013). «Sí, todo iba cocido, o cosido con los sutiles hilos del efecto mariposa: las placas tectónicas, manantial ideológico de las gastronomías patrias o nacionalismos. Un regalo envenenado o cateto del núcleo ardiente de la Madre Tierra.»

III, 40. Otra «nibola», 8. Canción histórico-satírica (15-9-2013). Cansado de esperar en la librería a su primo, Francesillo de Azcoitia sale a la calle en «compaña de otros transeúntes que, aplicados en sus móviles aplicaciones o encerrados en el mundo virtual de sus tamagochis parlantes», «iban siendo atropellados en tiempo real cuando venga de poner y recibir tuiters y guasaps vitales: “mAñaNaa maKuEshto to pRoNtiiKoOo”». Tras mucho callejear o leer, comienza Francesillo a explicar por qué escribir nivola con be.

III, 41. Otra «nibola», 9. El género (2-10-2013). «La falta de entrenamiento: para una vez que habló en broma, historiadores y críticos se lo tomaron en serio. A Unamuno. Tiene un pase: excepto Ortega y otras minorías, toda España se había tomado en serio a Unamuno.»

III, 42. Otra «nibola», 10. Progresando en el absurdo (18-1-2014). «Eran las leyes lógicas o previsoras del paco-esperpento. La historia en los túneles reversibles del tiempo: todo lo que ha pasado sigue ocurriendo», de modo que «la escritura predice una barbaridad».

III, 43. Otra «nibola», 11. «Vivan las caenas» (25-1-2014). «Morcillo defendió la peculiaridad histórica del eje de tensión actual, Irreal Madrid / Barça de bazar, y Francesillo recordó los tiempos del su Emperador, Carlos V, en que castellanos y flamencos andaban por la Corte a hostias.»

Una vuelta de tuerca más, y con paciencia estaríamos ya en pleno siglo XVI.

El progreso es una función del pasado.

 

domingo, 12 de julio de 2020

III, 60. El clima ya no es lo que era


Observemos una señora paradoja. Quizá la madre de todas: el clima y la historia comparten la constante del lento cambio continuo. Razón por la cual, en cualquier punto del trayecto se da, por fuerza, una coincidencia con algún punto anterior. Por eso lo absurdo de la exclamación, entre sorprendida y corajuda, «¡En pleno siglo XXI!», hija de la superstición del progreso que se niega a constatar que los cambios se producen sin objetivo alguno. O dicho con giro que inventaría Quevedo: sin ton ni son.

sábado, 28 de marzo de 2020

III, 59. Lecturas y escrituras de confinamiento


También la casualidad genera causalidades. En 1815, un suceso imprevisible o extraordinario, de esos que ahora llaman cisne negro, desencadenó uno de los fenómenos regidos por eso que ahora llaman efecto mariposa. Lo que nos gusta apellidar hechos y procesos con nombres de animalillos a los que vamos arrinconando con nuestra voracidad sapiens. El suceso, como recordó P. Unamuno al reseñar El año del verano que nunca llegó (2015), de William Ospina, «la erupción de un volcán en los Mares del Sur, que provocó un “tsunami” en las costas de Bali, inundó vastas extensiones de China, llenó los cielos del mundo entero de ceniza y azufre»; el efecto mariposa, que en «la lejanísima Europa» aconteciera «el verano más frío del milenio» («La noche que nació Frankenstein», El Mundo, 13-6-2015). A orillas del ginebrino lago Lemán, en la mansión de Villa Diodati, ya habían morado el Milton del Paraíso perdido en 1638, y luego Rousseau, y después Voltaire. Allí se confinaron un 16 de junio de 1816, escapando del desastre del frío, lord Byron y su médico humanista, John William Polidori, así como enseguida otros personajes de esta historia circular, tales el poeta Percy Bysshe Shelley y su novia Mary, a quienes acompañaba una tía de esta, Claire. Apostilla Unamuno:

domingo, 29 de abril de 2018

XI, 14. Del asesinato como uno de los servicios públicos (1)


Lo mejor del librito, además de su excepcional título, Of Murder considered as one of the Fine Arts, es que lo leyó Borges. En las múltiples ocasiones en que cada día versan las conversaciones porteñas sobre teoría literaria, «es frecuente escuchar que a la mención de De Quincey, se sigue la frase: “sí, un escritor que le gustaba a Borges”», por lo que no extrañará la experiencia de un crítico argentino como Ledesma, quien, tras confesar que al leer al autor inglés «en textos que no se parecen a los de Borges», «les encontré algo “borgeano”», concluye: «No deja de ser asombroso de qué manera la lectura de un autor consagrado puede condicionar la de otros autores», revirtiendo «los términos de la influencia. La mediación de Borges determina nuestra recepción de Thomas De Quincey»[1]. No de otro asunto capital, la reversibilidad del tiempo, creo que tratara Borges.

domingo, 22 de abril de 2018

XI, 13. Leve viaje en la máquina del tiempo


Abrir un libro publicado en el pasado —o sea, un libro— es traspasar puerta que dará en algún curvado pasadizo del laberinto del tiempo. Que trazan distorsionadas líneas de historicidad. Un libro es, por tanto, peculiar objeto físico que enlaza el efímero presente con puntos pretéritos conectados de modo cambiante entre sí: una azarosa máquina del tiempo. A los mandos, cada sucesivo lector, que se deja guiar por su propio o anacrónico manual de instrucciones. Sobrevolemos abismos temporales, por experimentar la sensación, con la edición póstuma de Varias poesías, compvestas por don Hernando de Acuña. Dirigidas al Príncipe don Felipe N. S., En Madrid, en caſa de P. Madrigal, 1591[1]. En su tramo final figura el soneto tal vez más conocido —desde el siglo XIX— de su autor, «Al Rey Nuestro Señor». Sea el punto [2] de la ruta del tiempo que voy a considerar:

viernes, 25 de agosto de 2017

V, 24. Horneado narratológico

Hay individuos que viven por costumbre en el futuro, mientras aguardan pacientes a que los demás lleguen. Medio siglo, a veces: al autor del Lazarillo de Tormes (1554) se le harían largas las horas esperando al Guzmán de Alfarache (1599-1604), de Mateo Alemán, para hacer juntos que arrancara la novela moderna. Sucede en todo ámbito: el 27 de julio de 1993, Javier Sotomayor sobrepasó unos inconcebibles 2,45 metros. Su prodigio no es que resista al tiempo: es que, durante cada prueba de salto de altura disputada en un estadio cualquiera del mundo, sigue adelantándose, en dos décadas ya, al instante en que otro atleta lo supere. Por su Morfología del cuento (1928), Vladimir Propp, esa mente maravillosa, pertenece a la extraña estirpe de quienes se ponen el calendario por montera.

sábado, 24 de junio de 2017

V, 22. Bibliografía con gato encerrado

Extraeré de la reflexión que condujo sobre la covada el doctor Gárate —copiándose entre ellos, los investigadores sociales del XIX estudiaron con gran detalle este fenómeno, del que podría aseverarse lo que «Lugones del canibalismo de los guaraníes: “Nadie lo vio”»— una segunda ley: «es difícil agotar una bibliografía. En cambio se pueden ver sus relaciones de dependencia e inspiración», pues «hasta las mismas palabras y erratas son llevadas de uno a otro» de los trabajos (Literaventuras, «III, 51. Del rigor de la ciencia social (2)»).

sábado, 10 de junio de 2017

V, 21. Gato jurisconsulto al horno

«El autor trata de epatar al lector con hechos desconcertantes que son la causa del éxito de escritores psicópatas». Justo Gárate extraía esta ley al explicar la falsedad de la covada (cfr. «III, 50. Del rigor de la ciencia social (1)») y asentar un principio universal sobre el vínculo entre el hambre (un «impostor voluntario») y las ganas de comer (la innumerable audiencia): un autor «entusiasta y carente de control crítico», de esos que «se aferran a lo extraño», suele afirmar «algo más de lo que puede comprobar», lo que termina echando raíces en el pueblo, hábitat en que «los mitos y errores» desarrollan su «gran tendencia a conservarse y perpetuarse».

domingo, 4 de junio de 2017

V, 20. El gato microondeado en la posverdad

La historia les será tan familiar como los gatos y los microondas. Al menos, anda extendida por la Red con sus variantes y 50.000 resultados en el almacén de ofertas baciyélmicas o verdadero-falsas de Google. «El (horno) microondas llegó para quedarse hace ya 67 años» (El plural.com, 26-8-2014) la tacha de leyenda urbana, ¿saben aquel que diu?: «la mujer que tenía un gato que se había mojado y que decidió meterlo en el microondas para secarlo», operación que «el minino» fue incapaz de soportar, lo que determinó su fallecimiento «ipso facto». Después, la microondeadora «decidió demandar a la marca del horno porque ‘no advertía de esa posibilidad’. La mitología callejera concluía que la señora había ganado el juicio y logrado una suculenta indemnización», y que después «un joven americano» siguió su ejemplo: «El autor de la animalada, lejos de recibir una suma de dinero por parte de la marca, fue condenado a labores sociales en su comunidad».

viernes, 19 de mayo de 2017

III, 56. Manual para tertulianos avezados (y 2)

Con ser breves, convendrá jibarizar Los eruditos a la violeta en diez mandamientos para fábrica de tertulianos que, total, ya de por sí reducen el mundo y la vida al monotema de la política. Es que nuestro hoy sigue colgado del viejo arquetipo de Yavé preparando su divino esquema, o chuleta braseada en zarza, para Moisés, y tira que es un primor de decálogos —como el integrado de Gates o el apocalíptico y apócrifo de Chomsky— que adjuntar a la puerta del frigorífico, aunque sea mucho también de capsulillas de viaje espacial o de parafarmacia. Y por aquí habrá que empezar.

domingo, 14 de mayo de 2017

III, 55. Manual para tertulianos avezados (1)

Diez años antes de morir mientras echaba la tarde bombardeando Gibraltar, el coronel José Cadalso (1741-1782), artillero, libertino y progresista, publicó bajo seudónimo Los eruditos a la violeta, o Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones para los siete días de la semana. Compuesto por don Joseph Vázquez, quien lo publica en obsequio de los que pretenden saber mucho, estudiando poco (Madrid, Antonio de Sancha, 1772). Pretendía el libelo «reducir a un sistema de siete días toda la erudición moderna», para consumo de «un número asombroso de profundísimos doctores de veinte y cinco a treinta años de edad» (p. 5). A tales pseudoeruditos —«(si se me permite esta voz)», dicta la «Advertencia»—, cuyo «exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia», enderezó Cadalso «este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios». Uno va leyendo el panfleto y representándose a los tertulianos de los medios —o mediotertulianos— y a tantos tuiteros vacuos.

domingo, 19 de marzo de 2017

IX, 39. Veinticinco años de caballería enamorante


mi corazón por una galopada
Olga Bernad

La caballería enamorante del XIX se desintegra en un cuarto de siglo: si don Luis de Vargas consiguió muy pronto (Edad de Oro) los favores de una predispuesta Pepita, a don Álvaro Mesía le costó muchas rondas y esfuerzos muchos (Edad de Plata) predisponer a la Regenta. En la Edad de Hierro de las bicicletas, Frasquito Ponte, sin el don del tratamiento y de la equitación, acabó rechazado por su corcel y descabalgado. Vencido por las bicis. Don Luis se habría sentido sobre una bicicleta tan ridículo como a lomos de su mula vieja, y don Álvaro nunca habría pedaleado ni hecho el caballito. Con la expresión empleada por el personaje de Ronzal en La Regenta, ellos no hubieran aguantado ancas (II, 20).

miércoles, 28 de diciembre de 2016

VI, 28. Ercilla, inventor de Chile (3)

Mucho antes de que Colo-Colo inspirara a los hinchas futboleros en su frecuente acción de venirse arriba, Caupolicán, héroe araucano forjado a golpe de endecasílabo recio por Ercilla, había protagonizado un soneto de esos en que Rubén Darío se ponía estupendo: «Es algo formidable que vio la vieja raza…». La pieza fue coleccionada en Azul… (1888), apenas cinco años después de la última derrota mapuche ante el Regimiento Caupolicán, del Ejército chileno. En la visión rubendariana, el «salvaje y aguerrido» Caupolicán lucía «por casco sus cabellos, su pecho por coraza». Hay quienes no quieren resistirse al viejo impulso épico y su armígero son de Marte, que dijera Hernando de Acuña, vecino de Ercilla en años (1520-1580), espadas y plumas.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

VI, 27. Ercilla, inventor de Chile (2)

A tenor de los registros con que contamos, centuria y pico mide el influjo onomástico del magín de Ercilla en Chile. Si en 1862 constataba Andrés Bello, no sin cierta inseguridad, que «debemos suponer que la Araucana […] es familiar a los chilenos», setenta años después ya asentaba Eduardo Solar que «todos los Caupolicanes, las Fresias, las Tegualdas que circulan por nuestras calles reconocen como auténtico padrino a nuestro poeta […]. En Chile respiramos a Ercilla y no lo sabemos» (1933). Es que de moda andina estaba cristianar a los recién nacidos con los nombres de los personajes ercillescos.

domingo, 11 de septiembre de 2016

VI, 26. Ercilla, inventor de Chile (1)

Para José Ángel Sánchez Ibáñez,
que animó a recuperar estas literaventuras

Es un clásico: al poco de emerger una nación naciente, habrá legión de historiadores comprometidos —esa mezcla explosiva— que se lance a la búsqueda de un libro fundante, máxima expresión de la literatura que influye en la vida. El coñac erudito es lo que tiene: unas copas de más de Fundador, y a fabular. Vamos, la «historia y otras barbaridades» a que se refería Guerra Cunningham al tratar sobre la conformación del imaginario nacional chileno[1]. En este caso, tal libro es un poema épico, La Araucana (1569-1589), de Alonso de Ercilla. Madrileño y soldado del Rey.

domingo, 17 de mayo de 2015

III, 53. Canción desesperada

El hallazgo es apenas un fogonazo que relampaguea en Esta boca es mía (1994), uno de tantos temas de Joaquín Sabina que nos acompañan en la calle, en el coche, en la cama, en la noche, cumpliendo con la función última del arte. Ese esfuerzo supremo de hacer algo más soportable la rutina o la vida: «Esta canción desesperada / no tiene orgullo ni moral».

domingo, 26 de abril de 2015

XI, 8. El final de la cuenta atrás (3)


4 (19 de abril de 2015)

Por caprichoso efecto feliz de las frágiles mariposas cuyo leve aleteo termina por causar maremotos en un quinto pino de la paradójica teoría del caos, Pablo Iglesias había publicado el texto esencial de entre los anudados en «El final de la cuenta atrás» («Por qué regalé Juego de Tronos a Felipe VI», El Mundo, 19-4-2015), un día después de iniciada esta serie de posts que indagan en el juego de tiempos.

martes, 21 de abril de 2015

XI, 7. El final de la cuenta atrás (2)



5 (1934-1852)

Digno de indagación le parecía a Lerma que la General estoria de Alfonso X o la Vida de Teresa de Jesús se leyeran dentro del canon literario, mientras que textos análogos, así El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852), de Karl Marx, figuraran como filosóficos o historiográficos. En sus Espejismos (1934), el sutil ensayista Zacarías Lerma analizaba la función en esa obra del narrador omnisciente, y a ratos periodístico, que encaja con éxito el relato sobre la contienda francesa de mediados del XIX en su tesis preconcebida. Obediente a la legislatura dialéctica hegeliana, El Dieciocho Brumario probaba —al margen de la acumulación de nombres, estratagemas y sucesos— la validez de esas mismas leyes, que inscribían las derrotas de hoy como victorias del mañana. La filosofía y la historia eran, definitivamente, géneros literarios persuasivos.

sábado, 4 de abril de 2015

IX, 27. Serpenteante historia

A Nietzsche le da por topar con el concepto de pecado eficaz —que ya tendría un pase— en el relato de Prometeo, mientras que en el bíblico de Eva y la serpiente detecta como definitivos la curiosidad, la mentira y la concupiscencia, que tacha de sentimientos «casi específicamente femeninos». Por oposición, y ya poniéndose muy en plan macho alfa germánico, Nietzsche sostuvo además que el pecado del mito prometeico (y ario) es masculino. Reacciones alérgicas de este tipo suelen ser habituales en los filólogos que, por marginar hechos, datos y comprobaciones, se transforman en filósofos.

sábado, 14 de marzo de 2015

IX, 26. Ritmos milenarios del Tiempo

Enfrente siempre, la serpiente. Los viejos textos cosmogónicos la mientan de continuo. También a la hora sin horas de ansiar la inmortalidad. Gaster adujo el vocablo griego y latino senecta, que tanto vale por ‘vejez’ como por ‘cambio de piel de una serpiente’, y recordó asimismo un dicho del italiano moderno: «Ser más viejo que una serpiente», que sintetiza ambos significados. Y Frazer constata que muchas culturas alimentan la creencia de «que con el cambio anual de piel las serpientes y otros animales renuevan su juventud y son inmortales».