Mi
buen amigo Jesús Ponce Cárdenas, poeta y filólogo excelente, me regalaba hace poco un ejemplar de su Desviada luz. Antología gongorina para el siglo XXI (Madrid,
Fragua-Delirio, 2014). Fue durante el último de mis pasos efímeros y errantes
por Madrid, la ciudad que mi DNI tendrá siempre por natal, y de la que pudiera
quizá decir lo que Castro: «Mi pena y mi lugar, de extranjería / regresa Luis
de Góngora a tu planta», «Quién canta. / Música, luz, color: Córdoba mía». O,
tirando de fusión
mítica, no sé si como otro buen amigo y filólogo cordobés aquí antologado,
algo así: «Caminas lentamente por las calles / cortas y estrechas, cual venas y
nervios, / de una ciudad que habita en tu cuerpo» (Matas Caballero).
lunes, 5 de enero de 2015
miércoles, 31 de diciembre de 2014
X, 19. Índices, 34-36 (octubre-diciembre 2014)
Será cuestión
de ir despidiendo el año. Otro ciclo o circo que se cierra. Con mi
agradecimiento a quienes, desde 74 países[1],
se acercaron por aquí dejando 19400 ecos de lectura o compañía. Que sean
felices: si no cuanto deseen, al menos cuanto puedan.
martes, 23 de diciembre de 2014
IV, 14. La funeraria del purismo
Fundéu es palabro que parece que no, pero al resonar en su música verbal un como inicio
de obra concebida por la infinita sabiduría divina, atesora mucho postín
purista. Un deus ex machina que
resuelve problemas lingüísticos con galanura. Oculta tal neologismo, pues,
mucho desvelo de remonte secular por las altas cordilleras de la corrección
idiomática. Porque la Fundéu, Fundación del Español Urgente, es benemérita
asociación dedicada a la tarea de salvaguardar el idioma del trote que le vamos
dando. Que es que nos gusta mucho hablar y gastar morfemas. Se suma de este
modo la Fundéu a la empresa histórica de colocar la lengua dentro de una
vitrina, no vaya a ser que con la calor, o con el frío, según, se nos ponga
mala o se estropee. Y la lengua hay que cuidarla. No en vano, de todos es
conocido que lengua no hay más que una. Y mejor si pura.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
III, 52. El pequeño pez Nicolao
La Silva de varia lección
(Sevilla, 1540), de Pedro Mexía, es libro que debiera, o a lo menos pudiera,
seguir siendo de cabecera, como lo fue para Cervantes y —en sus cien ediciones
y traducciones de los siglos XVI y XVII— para toda Europa. Tomazo de referencia
para quienes apetezcan, con mente libre y abierta, disfrutar de los manjares de
la memoria servidos bajo la especie de innumerables noticias, relatos, saberes
y demás aventuras intelectuales. A manera de enciclopedia espléndidamente ordenada
en apariencia. Un gimnasio para la inteligencia, la curiosidad y el pasmo.
sábado, 22 de noviembre de 2014
X, 18. Senda de espuma
El
tamagochi del blog exige que lo alimente, que ya son días. Sucede que los
nochinoviembres no me han inspirado nunca. Así que este bloguero, que va algo
liado —por si fueran poco el viento frío y las noches con prórroga— en madejas
de encrucijadas de eso que antes se conocía, en el coloquio digo, como vida
real y resultaba ser, hablando técnicamente, flujo espaciotemporal que se
escapa del cedazo de las redes sociales, sigue varado en su yo de ex poeta: los versos nos salvan
(parcialmente, por supuesto) de tantas perplejidades y ansiedades, no menos que
del exceso de importancia y compostura. Que acabo de acordarme, quiero decir,
de esta «Senda de espuma». Ustedes perdonen.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)