También la casualidad genera
causalidades. En 1815, un suceso imprevisible o extraordinario, de esos que
ahora llaman cisne negro, desencadenó uno de los fenómenos regidos por
eso que ahora llaman efecto mariposa. Lo que nos gusta apellidar hechos
y procesos con nombres de animalillos a los que vamos arrinconando con nuestra
voracidad sapiens. El suceso, como recordó P. Unamuno al reseñar El año del verano que nunca
llegó
(2015), de William Ospina, «la erupción de
un volcán en los Mares del Sur, que provocó un “tsunami” en las costas de Bali, inundó vastas extensiones de China, llenó los
cielos del mundo entero de ceniza y azufre»; el efecto mariposa, que en «la
lejanísima Europa» aconteciera «el verano más frío del milenio» («La
noche que nació Frankenstein», El Mundo,
13-6-2015). A orillas del ginebrino lago Lemán, en la
mansión de Villa Diodati,
ya habían morado el Milton del Paraíso perdido en 1638, y luego Rousseau,
y después Voltaire. Allí se confinaron un 16 de junio de 1816, escapando del
desastre del frío, lord Byron y su médico humanista, John William Polidori, así
como enseguida otros personajes de esta historia circular, tales el poeta Percy
Bysshe Shelley y su novia Mary, a quienes acompañaba una tía de esta, Claire. Apostilla
Unamuno:
sábado, 28 de marzo de 2020
sábado, 29 de febrero de 2020
X, 29. Matemática de la Historia
La Filosofía de la Historia se
esforzaba por hallar tendencias, patrones y constantes en el devenir colectivo
de la Humanidad, por ver de predecirlo. Ahí es nada. En la línea del fatalismo
reaccionario de La decadencia de Occidente (1918-1922) de Spengler, y
de la teoría cíclica de las civilizaciones desarrollada por Toynbee en Estudio de la Historia (1934-1961), el farmacéutico
Alexandre Deulofeu teorizó una Matemática
de la Historia de andar por su casa carlista. A tenor de su sucinta web, dijérase
que una Historia matemática, o circular, ha de estar fatalmente ligada a un
destino pero que muy previsible, de modo que la libertad sea en ella
coherentemente descartada como entelequia. Así que el postulado deulofeuniano según el cual «la humanidad podrá ser capaz, de
conocerlos, de alterar los propios ciclos» para «tender a organizarse bajo la
forma de una Confederación Universal de pueblos libres» es, por sobre su
carácter decimonónico o galdosiano,
profundamente contradictorio con su histórica geometría de escuadra y cartabón.
domingo, 12 de enero de 2020
XIII, 4. Las Horas por el forro de la parodia (sexta-completas)
Siguiendo
las andanzas de su dura jornada, el
clérigo va «luego a la iglesia» (Libro del Arcipreste de Hita, 380) a «le dezir tu razón» a la mujer, por lo que desea que se esté celebrando «la misa de novios», expresión con «alusiones
sexuales» que cuadra además con que había «clérigos casados» (Simonatti 2008:
109). Y mejor que la ceremonia sea breve, «sin gloria e sin son»: sin el canto del Gloria in excelsis Deo («Gloria
a Dios en las alturas») ni «música»,
para «ir al grano» (Morros
2004: 398-400). Grano cobrado cuando,
al finalizar la misa, llegaba la hora sexta (381):
martes, 7 de enero de 2020
XIII, 3. Las Horas por el forro de la parodia (maitines-tercia)
Indesligables
resultan las historias (o cambios) de la literatura sexual europea y de la
Iglesia. En un magnífico libro, Simonatti mostró que la clerecía de los siglos
XII-XIII, cuya heterógenea Iglesia mantenía reminiscencias paganas, practicó la
intromisión de lo
carnavalesco en la exégesis canónica de los textos
sagrados y en los contrafacta lúdicos
y báquicos de los goliardos y sus misas jocosas, así como la comicidad
y la liturgia burlesca de la Libertas Decembrica (2008: 16-19), abuela
del carnaval.
sábado, 4 de enero de 2020
X, 28. Unos relatos inverosímiles
Para seguir celebrando el
octavo aniversario de Literaventuras, agrupo aquí estos relatos
inverosímiles, que ponen a prueba las reflexiones de la Poética occidental sobre
lo inverosímil, que al parecer fuese lo que, pudiendo pasar, no ha pasado, si
bien en ocasiones lo real resulta inverosímil, y lo verosímil, aunque
necesario, pudiera ser imposible. Juzguen ustedes. Y si el anterior galimatías
no bastara, pásese lo ocurrido por el tamiz del esperpento, de la astracanada, del
tremendismo o de cualquier otra perspectiva artística con que los escritores han
tratado de vencer su pasmo ante lo que estaban presenciando. Porque no hay
mayor espectáculo que este mundo nuestro.
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