viernes, 7 de agosto de 2015

VIII, 5. Isinbayeva

Dadme un punto de apoyo y moveré un estadio. O mejor: un mundo de magia, música y misterio. Buceando en el piélago insondable de la paronomasia, sé que ya te han dicho, Yelena, Garcilaso («En tanto que de rusa y azucena») y Quevedo («relámpagos de rusa carmesíes»). Qué añadiré.

viernes, 3 de julio de 2015

IX, 31. Si Garcilaso volviera

De qué está hecha la poesía. O qué cosa sea. Habrá quien responda —unos ojos azules de por medio, esa sonrisa (precisamente esa) o quizá una rubia cabellera, no sé— que eres tú. El típico poeta ligón. Un caso de libro.

martes, 30 de junio de 2015

X, 22. Índices, 40-42 (abril-junio 2015)

Saludos, con mi agradecimiento, a quienes están detrás de esas 23700 visitas procedentes de 78 países[1]. Son mucho más que guarismos, pero es todo lo que sé, junto con algún que otro comentario, de esas personas.

domingo, 21 de junio de 2015

IX, 30. Cálculos de arquitectura retórica

Un mantra deja asentar, sobre mentes poco inquietas, revelaciones de la verdad: sucedáneos. Por caso, que las Humanidades forjan un pensamiento crítico. Sucede que la esencia del mantra, la repetición litúrgica, no puede ser más ajena a la crítica. Las evidencias, además, no siempre confirman que el estudio humanístico esté sometido al control racional de los hechos y los datos, que por fuerza se opone al criterio de autoridad: lo relevante no es quién siente cátedra, ni depende la verdad de cuáles fueren los labios que la pronuncien. Agamenón puede hallarla, tanto como su porquero. Mas nunca si acatan; sí, quizá, cuando con tino experimentan y razonan.

sábado, 13 de junio de 2015

IX, 29. Castiglione se queda de piedra

La Sala XVIII del Museo della Civiltà Romana expone maquetas que reconstruyen la topografía de la Roma arcaica, desde los tiempos del rey Tarquino hasta las décadas iniciales de la República. Próximas a un vado del río Tevere (o Tíber) se alzan las siete colinas, a partir de cuyos primitivos asentamientos se originó la ciudad. Son los colli con que vimos a Castiglione abrir su celebrado soneto, que no necesitaba título, pues, como solía ocurrir, iba este encriptado en el verso inicial: superbi colli = Roma. Recordémoslo en una segunda traducción española —anónima y más fiel que la de Rey de Artieda—, que en 1904 rescató Foulché-Delbosc de un manuscrito del siglo XVII, Espagnol 372 (fol. 252v), que custodia la Biblioteca Nacional de Francia: