miércoles, 26 de diciembre de 2018

IV, 25. El mecano patriótico


Tomemos cuatro lemas nacionales hasta ahora no considerados, regidos por el molde retórico que pudiera llamarse del brindis: «Por la patria y la libertad» (Letonia), «Por Dios y mi patria» (Uganda), «Por Dios, el príncipe y la patria» (Liechtenstein) y «Por Dios, por el pueblo, por la naturaleza y por el Estado» (Filipinas). Todos ellos representativos de los esquemas estilístico-sintácticos más usados para sintetizar la tarjeta de presentación y visita de los países: trimembre (53 casos), bimembre (40) y cuatrimembre (3). Añadiendo a estos el único pentamembre detectado, se concluirá que el mecano patriótico x-membre consta de 57 conceptos no más que, combinados según cuatro planos, construyen 97 lemas nacionales.
El top 5 de tales piezas conceptuales está conformado por las siguientes, empleadas 115 veces (44,9%) por los carpinteros del patriotismo:

unidad (y unión, unidos, uno, juntos): 40 (15,6%).
libertad (y libre): 29 (11,3%).
trabajo: 17 (6,6%), preferida en África (16 casos).
justicia: 15 (5,8%), elegida sobre todo en África (13 casos).
patria (y patriotismo): 14 (5,4%).

Por su parte, el top 10 de las piezas del mecano patriótico suma a las cinco anteriores estas otras:

progreso: 13 (5%), seleccionada especialmente en África (11 casos).
paz: 12 (4,6%).
Dios: 11 (4,2%).
pueblo: 9 (3,5%), preferida en África (5).
fuerza: 7 (2,7%), elegida sobre todo en América (3).

En los 97 lemas, esas diez piezas favoritas figuran 167 veces (65,2%). Y que África sobresalga en su uso se debe a que los Estados de ese continente optan mayoritariamente por esquemas de x-membración. Lo que indica que hay otros moldes posibles, que ya revisaremos.
De momento, basta con indicar que si —cuando en un aeropuerto le mire de arriba abajo el guardia mientras examina con cara de pocos amigos su pasaporte— reniega usted del mantra de ser un ciudadano del mundo y le sobreviene entonces una sublime exaltación que le teletransporta a la visión de fundar una nación naciente, sepa, para no llevarse a engaños ni desengaños: que con harta probabilidad, para confeccionar una pancarta que acabará, si exitosa, en lema de su nuevo país, tirará de selecciones como «Unidad, libertad, trabajo» —que, por cierto, siendo la que mejor encaja con el top 5, coincide con la de Zimbaue—, «Justicia, patria, progreso», «Paz y pueblo»… y en este plan.
De continuar animado en ese mundo no menos interno que internacional de la abstracción, no olvide poner un rato los pies en la tierra, o al menos en el terruño, y buscar la compañía y el consenso de vecinos bien avenidos. Es que parece que no, pero estas cosas suelen empezar en la escalera de la corrala, el bar del barrio o el pilón del pueblo. Tiempo habrá para transformar —lemas metafísicos mediantes— esos espacios tangibles en que consiste un país, esto es, una geografía, en patrias fetén. Entre medias, recuerde otrosí que habrá que construir siquiera los cimientos de un Estado. Una trabajera tiene usted por delante.
Que le mantendrá en nebulosa los límites entre los conceptos de país, nación, Estado y patria.


lunes, 26 de noviembre de 2018

IV, 24. Las patrias eran unos lemas (2)


Tal vez por ahorrarles el consumo de memoria a sus ciudadanos —¿o paisanos o súbditos o contribuyentes?— hay Estados que optan por elaborar bimembres sus lemas nacionales. Respecto de nuestro primer recuento, no cambia mucho el tenor de los patrióticos sustantivos empleados en las siguientes 17 confecciones. Bimembres copulativos son «Paz y progreso» (Japón), «Paz y justicia» (Paraguay) y «Orgullo e industria» (Barbados); otros dos instauran el equilibrio que se aprecia en «Libertad y orden» (Colombia) y en «Orden y progreso» (Brasil). Forma parte también de esta agrupación el lema de Argelia, tan de retrogusto diríase que de despotismo ilustrado del XVIII: «Para el pueblo y por el pueblo». Mucho más contundente, y quizá descarnadamente sincero, resulta «Por la razón o la fuerza» (Chile), que despeja cualquier duda sobre el instinto básico que inspira al Estado-nación.

lunes, 5 de noviembre de 2018

IV, 23. Las patrias eran unos lemas (1)


Buscándole inspiración para sus próximos clínex —que anda muy necesitado el pobre— al adolescente perpetuo Dani Mateo, empiezo a mirar banderas y digo entre mí que esta criatura, pretendiendo que nos echemos unas risas tontas, podrá ir de acatarrado el resto de sus días: será por telas y colores nacionales. En tales andaba, revisando catálogos de enseñas, cuando caigo en que los países (¿o serán los Estados o las naciones o las patrias?) suelen lucir unos lemas que la Wikipedia, siempre atenta de suyo, tiene agrupados para ir pasándoles lista con harta comodidad. A lo que —quizá por deformación profesional— me pongo.

sábado, 13 de octubre de 2018

VII, 15. La barba del Cid


Anda la novela-ensayo de Rafael Reig, Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I (Barcelona, Tusquets, 2016), llena de aciertos, como aquél en que el protagonista, errante de siglos en cuanto enloquecido catedrático de literatura en un instituto, toma «conciencia de que el principal obstáculo para la enseñanza son los padres de los estudiantes» (p. 34). O este otro: «Los textos escolares y ediciones anotadas dan explicaciones que los lectores contemporáneos se tragan sin masticar siquiera: la barba del Cid es símbolo de su honor» (p. 113), por ejemplo. Así que, por no tragárselo, el pasaje rotulado «El misterio de una barba» (pp. 113-117) deconstruye el texto medieval para concluir que Rodrigo Díaz de Vivar se dejó crecer la barba lo indecible «por amor del rey Alfonso» (Poema del Cid, v. 1240), «su amor, su pecado, su alma, mon homme, luz de su vida, fuego de sus entrañas, Al-fon-so, dice, y la lengua se ensancha y retrocede, como una ola […]». Vamos, que el Campeador era gay. Prefiero masticar —aunque tarde más— o comprobar la validez de tal lectura postmoderna.

sábado, 25 de agosto de 2018

III, 58. Del teatro aplicado a la estrategia política


La figura mexicana del tapado enlaza —una de muchas veces— el teatro con la política. Examinemos, pues, ese fructífero cruce que evidencia —otra de tantas ocasiones— el influjo de la literatura sobre la vida. Partiré del amplio volumen que acabo de leer: Estrategia. Una historia [2013], trad. J. C. Vales, Madrid, La Esfera de los Libros, 2016. Su autor, Lawrence Freedman, lo inicia con una cita del boxeador Mike Tyson, «Todo el mundo tiene un plan… hasta que te parten la cara», y lo termina hablando de literatura. Una cornice de signo dijéramos que escéptico hacia la materia que aborda.