domingo, 17 de septiembre de 2017

IX, 42. Un «fútil detalle»

El verso clave (o sea, llave) de la preceptiva autosonetil de Blengio, «y si al concluir le cierra llave de oro», el trece tenía que ser, resulta musicalmente mejorable: es, mira por dónde, el «fútil detalle» que «empaña» el «decoro» (v. 9) de este soneto. Su llave dista de ser «de oro», pues resulta ['dóro]. Porque el nimio detalle que provoca el estropicio es, en este caso, fonético. Para comprobarlo, debemos radiografiar el soneto de Blengio: pasarlo por los rayos X del AFI, el alfabeto fonético internacional.
Es operación que permitirá el examen de su músico esqueleto. Obtengo en el estupendo Silabeador y Transcriptor Fonético y Fonológico, maquinón preparado por Jerónimo Armario, la transcripción de la cadena de sonidos pautados que forma «El soneto» de Blengio:

[delso'né(3)toasuz'r̄é(6)ɣlas | axuș'tá(10)ðo]
[ũŋkon̥'θé(3)ptonõmás(6) | 'fó(7)rmalae'sén̥(10)θja]
[konnatu'rál(4)flwi̯'ðéθ(6) || 'fá(7)θilka'ðén̥(10)θja]
[ikre'θjén̦(3)tein̦te'réz̦(6) | ðesar̄o'ʎá(10)ðo]
['bér(1)soeska'βró(4)so || 'dé(6)βiloesfor'θá(10)ðo]                   5
[noper'mí(3)te | su'r̄í(6)xiðaesθe'lén̥(10)θja]
[ni'r̄í(2)pjo | nipo'é(6)tikali'θén̥(10)θja]
[to'lé(2)rasuarti'fí(6)θjo | ðeli'ká(10)ðo]
['fú(1)til̦de'tá(4)ʎeem'pá(6)ɲa | suðe'kó(10)ro]
['frá(1)seo'θjó(4)sa | mar'ʧ̑í(6)tasufres'kú(10)ra]                       10
[bóθ(1)r̄epe'tí(4)ða | 'swé(6)naensuðez̦'ðó(10)ro]
['dé(1)seno'βlé(4)θai'ɣ(6)θjaasueștruk'tú(10)ra]
[isialkoŋ'klwi̯´r(4)le | 'θ(6)r̄a'ʎá(8)βeðe'ó(10)ro]
[se'rá(2)so'né(4)toen̦'tó(6)ða | suermo'sú(10)ra]

He añadido a la notación AFI las sílabas acentuadas, cuya posición marco entre paréntesis; las sinalefas, señaladas en rojo, y las cesuras (o pausas intraversales) débiles (|) y fuertes (||). Sí, lo sé: casi hemos vuelto a la pizarra del soneto de Kasprowicz, pues en polaco nos parecerá ahora que estaba compuesto el de Blengio.
Pero es una radiografía. Que revela dos constantes: las once sílabas en cada verso —naturales o logradas a base de sinalefar diecisiete veces— y la presencia en la 6ª y la 10ª de un acento. Tomás Navarro Tomás detectó en el endecasílabo nada menos que 171 patrones de combinación de acentos, cuyo mínimo común denominador es que el único «permanente» se sitúa en la 10ª sílaba («Correspondencia prosódico-rítmica del endecasílabo», en Los poetas en sus versos: desde Jorge Manrique a García Lorca [1973], ed. G. Serés, Madrid, CECE, 2014, pp. 87-115). La llamaré por eso K10, sílaba que traza al final de cada verso el eje de rimas en el soneto. En cuanto al acento en 6ª, es tendencia mayoritaria que denominaré k6: en 54 de los 171 (31,5%) patrones acentuales se prescinde de k6 (1, 2, 3, 5, 7, 9, 10, 12, 13, 15, 19, 22, 24, 28, 30, 32, 33, 39, 44, 46, 50, 55, 60, 62, 66, 70, 73, 79, 83, 100, 108, 123, 125, 131, 137 y 150), especialmente entre los veinte de «la peculiar» «modalidad dactílica» (152-161, 163-166 y 168-171), «que sitúa sobre la sílaba séptima, en lugar de la sexta, el apoyo central del período rítmico» (Navarro Tomás, pp. 111 y 107).
Sobre K10 y k6, pues, forja el soneto su ritmo. Se advierte además en el de Blengio una tendencia a la cesura débil, situada en torno a k6, que articula en dos movimientos el verso. Como serie «de sílabas acentuadas y no acentuadas», éste resulta «una secuencia de grupos métricos (uno o más según el tamaño del verso) delimitado por una pausa» posversal; pero la intraversal es «potencial», por lo que genera gran «variabilidad» en la separación de tales grupos (B. Navarro Colorado et al., Guía de anotación métrica (Versión 0.2), Universidad de Alicante, 2015, p. 6). De modo que debe descartarse como medida universal de la pauta rítmica del soneto.
Como cualquier sonetista en español, Blengio podría haber elegido hasta catorce de los 171 patrones de Navarro Tomás, amplísimo campo de libertad métrica. En «El soneto» se decantó por siete, y sobre todo por tres modelos acentuales, que conforman diez de sus endecasílabos:

23. En 1, 4, k6, K10. Tipo sáfico («yo me arrojé cual rápido cometa», Espronceda); tipo enfático («Aves que aquí sembráis vuestras querellas», Garcilaso): Blengio, vv. 5, 9, 10, 11 y 12.
11. En 3, k6, K10. Tipo melódico («en el templo, en la casa y en la sala», Góngora): Blengio, vv. 1, 4 y 6.
8. En 2, k6, K10. Tipo heroico («la altiva condición de las zagalas», Jovellanos): Blengio, vv. 7 y 8.

Los otros cuatro se atienen a otros tantos patrones:

31. En 2, 4, k6, K10. Tipo sáfico («su honor precioso, su ánimo valiente», Quevedo): Blengio, v. 14.
41. En 3, k6, 7, K10. Tipo melódico («en silencio, fray Luis quédase solo», Unamuno): Blengio, v. 2.
47. En 4, k6, 7, K10. Tipo heroico («Tu quebrantada fe, ¿dó la pusiste?», Garcilaso): Blengio, v. 3.
48. En 4, k6, 8, K10. Tipo heroico: Blengio, v. 13.

Volvamos ahora al verso 13, «y si al concluir le cierra llave de oro». Es el único del poema que acentúa en 8ª. Pero ocurre algo más: en los dos ejemplos de Navarro Tomás para el modelo 48, «Con la pesada voz retumba y suena» (Garcilaso) y «De funerales piras sacro fuego» (Góngora), advertimos que no funciona la máquina poética de fusionar vocales (la sinalefa) en el segundo, mientras que en el primero lo hace una sola vez (retumba y) para construir un diptongo natural, de vocal abierta y vocal cerrada: [r̄e'túmbai̯], análogo al de baile, ['bái̯le]. En comparación, Blengio fuerza la máquina para convertir trece sílabas en once: [isialkoŋ'klwi̯´rle | 'θjér̄a'ʎáβeðe'óro]. La primera sinalefa logra un diptongo, entre vocales cerrada y abierta, [si̯a]; pero la segunda topa con dos vocales abiertas, de oro, así que ordena pronunciar, muy artificialmente, deó como ['dó]. A esto se añade que el pronombre le debe adjuntarse musicalmente a concluir, y no sintácticamente a cerrar: «y sial concluirle / cierra llave doro». He aquí el «fútil detalle» que echa a perder la «llave» de la clausura del soneto de Blengio: el verso 13 rompe la correspondencia entre la estructura rítmica de sonidos y la secuencia de palabras y sintagmas. Para cuadrar una, hay que desajustar otra.
Ya ven lo que suele ocurrir con los detalles: que detectarlos, analizarlos y explicarlos ocupa todo un post.


domingo, 10 de septiembre de 2017

IX, 41. Manual de instrucciones

Principio básico del conocimiento es que éste se conquista en los detalles. No hay dato, hecho o signo que no los ofrezca para detectar en ellos pautas y extraerles tendencias. Requisito no menos básico es armarse de paciencia para descifrarlos. Un ejemplo claro se echa en falta para ilustrar el proceso. Sea el siguiente mensaje:

viernes, 25 de agosto de 2017

V, 24. Horneado narratológico

Hay individuos que viven por costumbre en el futuro, mientras aguardan pacientes a que los demás lleguen. Medio siglo, a veces: al autor del Lazarillo de Tormes (1554) se le harían largas las horas esperando al Guzmán de Alfarache (1599-1604), de Mateo Alemán, para hacer juntos que arrancara la novela moderna. Sucede en todo ámbito: el 27 de julio de 1993, Javier Sotomayor sobrepasó unos inconcebibles 2,45 metros. Su prodigio no es que resista al tiempo: es que, durante cada prueba de salto de altura disputada en un estadio cualquiera del mundo, sigue adelantándose, en dos décadas ya, al instante en que otro atleta lo supere. Por su Morfología del cuento (1928), Vladimir Propp, esa mente maravillosa, pertenece a la extraña estirpe de quienes se ponen el calendario por montera.

martes, 15 de agosto de 2017

IV, 22. Endogamia y biodiversidad

Situados ya en las puertas del XVII con el caso de Covarrubias, y antes de continuar explorando la historia de la palabra raza en sus definiciones y usos, convendrá trazar un mapa del sistema social en que se produjeron los hechos de habla y se desarrolló la tarea de los lexicógrafos. Como ante las complejidades y complicaciones de cualquier sistema del pasado, el observador actual tiende a traducirlas filtrándolas a través de los rasgos del modelo en que vive él. Inevitable entonces que en esa operación el pasado se simplifique.

domingo, 30 de julio de 2017

V, 23. Pedro Salinas y los marquetineros

Permítanme la hipérbole: se ha puesto de moda, al fin, Pedro Salinas. Vienen leyéndolo ahora los poetas como lo que siempre fue, uno de los mejores del Veintisiete (o, según Carlos Marzal, como «una de las cristalizaciones literarias del 27 que mejor soporta, en su totalidad, el paso del tiempo»), y van los marquetineros inspirándose por doquier en unos versos suyos, «Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú», para anunciar señeros liderazgos, educaciones superiores, tierras de promisión o al menos de promoción turística. Algún crítico del próximo futuro se sentirá movido a justificar este incremento de la recepción saliniana. Para ese estudio de la publicitaria voz a ti debida, Salinas, vaya aquí un hilo del que tirar.