miércoles, 13 de mayo de 2020

X, 31. Deporte en confinamiento


La serie VIII de Literaventuras, «Sublime arte efímero», colecciona estampas de escenas deportivas que se transmutaron en mágicos regalos de belleza fugaz. Se me antoja que tal serie ofrece buena oportunidad para practicar el plan B (que sí, que siempre hay uno) del deporte sedentario —ese oxímoron feliz— a que fuerza el confinamiento.

VIII, 1. Sublime arte efímero (10-5-2012). Vieri jugando con la intersección de geometría y poesía. Toda su carrera de futbolista estaba orientada a ese instante mágico o inmortal. La entrada fue una puesta al día —para celebrar la segunda (en tres años) Liga Europa conquistada por el Atlético de Madrid— de mi artículo «El gol del siglo», El Universitario Europeo, VII, 21 (noviembre 1997), p. 56.
VIII, 2. Panenka (8-6-2012). Nada se sabía de él, nada se supo después. Excepto que su genialidad inventó un modo extraordinario de lanzar penaltis.
VIII, 3. De Miguel Hernández a Xavi Hernández (3-7-2012). Miguel Hernández prefigurando con su poesía neogongorina el fútbol actual. Eso y no otra cosa es visión.
VIII, 4. Iniesta (22-11-2012). Un mínimo ingeniero inventor de jugadas inverosímiles. El predilecto del balón, criatura que busca que la mimen.
VIII, 5. Isinbayeva (7-8-2015). Eficacia elegante, olímpica y aérea: inspiradora Yelena.
VIII, 6. Platko en multimedia (14-1-2018). La muerte lo quiso condenar al olvido. Imposible castigo si la poesía de por medio.

Disfruten del deporte. De vez en cuando alcanza cotas de sublime arte efímero.


sábado, 18 de abril de 2020

X, 30. Un juego para pasar el confinamiento


Creo poder recordar que me vine arriba cuando supe que Alonso Zamora Vicente (1916-2006), maestro de filólogos, se había tomado hace años la molestia de recortar, coleccionar y catalogar mi artículo «Lingüística y filosofía, o el juego del diccionario», Delibros, VII, 67 (mayo 1994), pp. 47-48. Me enteré por el ojo que todo lo ve de Google cuando reposa su mirada en la «Biblioteca Alonso Zamora Vicente», ahora en la Diputación de Cáceres. Allí se conserva una copia —según coges y pinchas en su «Catálogo»— de aquel trabajo. Así que, ya digo que con la extraña e insegura alegría de quien comprueba que lo que una vez escribió fue leído por otros, lo revisé y adapté al formato blog en la siguiente miniserie sobre el juego del diccionario:

sábado, 28 de marzo de 2020

III, 59. Lecturas y escrituras de confinamiento


También la casualidad genera causalidades. En 1815, un suceso imprevisible o extraordinario, de esos que ahora llaman cisne negro, desencadenó uno de los fenómenos regidos por eso que ahora llaman efecto mariposa. Lo que nos gusta apellidar hechos y procesos con nombres de animalillos a los que vamos arrinconando con nuestra voracidad sapiens. El suceso, como recordó P. Unamuno al reseñar El año del verano que nunca llegó (2015), de William Ospina, «la erupción de un volcán en los Mares del Sur, que provocó un “tsunami” en las costas de Bali, inundó vastas extensiones de China, llenó los cielos del mundo entero de ceniza y azufre»; el efecto mariposa, que en «la lejanísima Europa» aconteciera «el verano más frío del milenio» («La noche que nació Frankenstein», El Mundo, 13-6-2015). A orillas del ginebrino lago Lemán, en la mansión de Villa Diodati, ya habían morado el Milton del Paraíso perdido en 1638, y luego Rousseau, y después Voltaire. Allí se confinaron un 16 de junio de 1816, escapando del desastre del frío, lord Byron y su médico humanista, John William Polidori, así como enseguida otros personajes de esta historia circular, tales el poeta Percy Bysshe Shelley y su novia Mary, a quienes acompañaba una tía de esta, Claire. Apostilla Unamuno:

sábado, 29 de febrero de 2020

X, 29. Matemática de la Historia


La Filosofía de la Historia se esforzaba por hallar tendencias, patrones y constantes en el devenir colectivo de la Humanidad, por ver de predecirlo. Ahí es nada. En la línea del fatalismo reaccionario de La decadencia de Occidente (1918-1922) de Spengler, y de la teoría cíclica de las civilizaciones desarrollada por Toynbee en Estudio de la Historia (1934-1961), el farmacéutico Alexandre Deulofeu teorizó una Matemática de la Historia de andar por su casa carlista. A tenor de su sucinta web, dijérase que una Historia matemática, o circular, ha de estar fatalmente ligada a un destino pero que muy previsible, de modo que la libertad sea en ella coherentemente descartada como entelequia. Así que el postulado deulofeuniano según el cual «la humanidad podrá ser capaz, de conocerlos, de alterar los propios ciclos» para «tender a organizarse bajo la forma de una Confederación Universal de pueblos libres» es, por sobre su carácter decimonónico o galdosiano, profundamente contradictorio con su histórica geometría de escuadra y cartabón.

domingo, 12 de enero de 2020

XIII, 4. Las Horas por el forro de la parodia (sexta-completas)


Siguiendo las andanzas de su dura jornada, el clérigo va «luego a la iglesia» (Libro del Arcipreste de Hita, 380) a «le dezir tu razón» a la mujer, por lo que desea que se esté celebrando «la misa de novios», expresión con «alusiones sexuales» que cuadra además con que había «clérigos casados» (Simonatti 2008: 109). Y mejor que la ceremonia sea breve, «sin gloria e sin son»: sin el canto del Gloria in excelsis Deo («Gloria a Dios en las alturas») ni «música», para «ir al grano» (Morros 2004: 398-400). Grano cobrado cuando, al finalizar la misa, llegaba la hora sexta (381):