viernes, 11 de septiembre de 2015

IX, 33. Gracián relee a Ramón (2)

La génesis del proceso de la agudeza (o conceptismo) es una intuición que Gracián capta muy gráficamente —o sea, muy ramonianamente— como «prontitud». Este chispazo va conduciéndose por hilos de rauda electricidad comparativa: una instalación de «artificiosa proporción» y «agradable propiedad» que mueve a «buscar correspondencias» de proporción (mediante la vista) y de consonancia (con el oído). La agudeza opera, pues, encontrando mínimas afinidades entre un «sujeto» o «centro» y sus «adjuntos» o «circunstancias». Gracián llama a todo ese proceso conceptear o sutilizar. Una teoría sobre el modo en que funciona el pensamiento humano.
Y, de pronto, una mente especialmente aguda consigue el «prodigio» «del sutilizar». Muy pocas veces, por supuesto, sucede: cuando «un grande ingenio va más allá de exprimir correspondencias». Góngora, sí. Eclosión del universo. O Ramón. A esos espectaculares momentos de big bang de la inteligencia —conexión de memoria activa y percepción despierta— deberían dedicarse los más finos ensayos de laboratorio de las clases de literatura. Si no fuera por el programa.
En Agudeza y arte de ingenio, Gracián sigue desplegando el suyo. Bautizando como semejanza al «tercer principio de agudeza sin límite», sostiene que de ella «manan los símiles conceptuosos y disímiles, metáforas, alegorías, metamorfosis, apodos y otras innumerables diferencias de sutileza»:
3.1. En la imagen «caréase el sujeto […] con un término extraño», pero «conforme» con él. Como en la gimnasia visual de Ramón: «El queso Roquefort tiene gangrena».
3.2. De la semejanza formada se contenta Gracián con decir que «no siempre es menester poner formada la semejanza […], que bastantemente se percibe». Supongo que se refiere a las muletas como, como si, parecer, ser una especie de, en forma de... Muchas greguerías se construyen así: «Los recuerdos encogen como las camisetas»; «Templar bien el agua del baño es como preparar un buen té»; «Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el doctor»; «El león en su jaula parece vivir de renta»; «El rayo es una especie de sacacorchos encolerizado»; «Lo más bonito del cristal es cuando se rompe en forma de telaraña».
3.3. La semejanza con condicional es «modo de discurrir» en que «se adelanta el ingenio a lo que no se atreviera absolutamente». En Ramón: «Si el burro comiese carne, sería el animal más feroz de la creación»; «Si el espejo corriese de pronto su cortina de azogue, veríamos nuestra radiografía». Creo que esta máquina de fotografiar esqueletos fascinaba tanto a Ramón porque las radiografías ofrecen seguras instantáneas del futuro.
3.4. Semejanza por ponderación misteriosa, dificultad y reparo: «unas veces dan ocasión para dificultar, otras veces a la dificultad sirven de salida con mucho artificio, y esto es lo más ordinario», como ocurre —quien lo probó lo sabe— en la greguería «Cuando la mujer mira al trasluz sus medias se produce el eclipse del mundo».
3.5. Ponderación y argumento por semejanza sentenciosa: «Válese con grande artificio el ingenio de las semejanzas para sacar una moralidad provechosa», afirma el padre Gracián. Dicho a lo ramoniano: «El Creador guarda las llaves de todos los ombligos».
3.6. En la desemejanza «se hace el careo al contrario», «mostrando la diversidad» «entre el sujeto disimilado y el término a quien se desemeja». Así, en la greguería «Los pararrayos hubieran sido inútiles en el diluvio universal. Por eso se inventaron mucho después». Si me pongo ramoniano, en la desemejanza hace la agudeza el pino.
3.7. Paridad o comparación es una «paralela combinación», bien absoluta, pues «se propone determinantemente y se funda en la conformidad ajustada entre el sujeto y el término», como en esta greguería: «La palabra más vieja es la palabra “vetusta”»; o bien condicional, fingida y ayudada, en la que se llega «a discurrir lo que no es», porque no está «ajustada del todo la correspondencia […], y entonces, o la acaba de formar el discurso o la exprime condicionalmente», como en Ramón: «La luna pasa incólume por el cielo porque en el reverso lleva escrita la palabra “frágil”». Donde se trasluce —asombroso ping pong verbal— la luna de cristal.
3.8. Disparidad: su «fundamento» es «la diversidad o contrariedad entre los dos extremos disparados». Sea este caso ramoniano: «Los que no quieren que se fume en el vagón no comprenden que si la locomotora no fumase no se movería el tren».
Razón que le sobraba a tal disparo o disparate… En estas íbamos cuando llegó don Contexto Histórico —famosillo personaje positivista en las clases más inertes de literatura—, dispuesto a romper hechizos o prodigios y posicionar —él habla así— como correlativos el tren y el cigarrillo eléctricos.
Menos mal que sonó el timbre de salida.


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