sábado, 23 de mayo de 2015

X, 21. Día de reflexión

Dedico el día de reflexión a hacer la maleta. Salgo mañana hacia la ciudad que sus habitantes consideran la más europea de Estados Unidos. El lugar donde se alumbró, allá por 1773, el mundo actual.
Como toda revolución, la norteamericana comenzó por un cabreo del quince, un quítame allá esos impuestos, unas asambleas vecinales, unas voces o un griterío que no escuchaban los que decidían y mandaban, que vivían lejos. Muy lejos. En el motín de Boston (o Boston Tea Party), unos colonos disfrazados de indígenas arrojaron al mar un cargamento de té. De sus restos remojados surgieron miles de mariposas que, aleteando aleteando, produjeron el efecto de independizar Estados Unidos. Luego, ya saben, la Revolución francesa y la Emancipación de la América española. La que liaron los comerciantes o contrabandistas de té en las Colonias, futuros Padres de la Nación y de este nuestro mundo.
He cambiado el sobre de ir a votar por la tarjeta de embarque. Pero como hoy es el día de reflexión, estoy que no paro de pensar. Se me cruzan las imágenes, mira tú por dónde, de Palin y Krikaliov. Sarah Palin, que le echó cara o puso rostro al Tea Party, ejemplifica —bien mostrenco— en qué van a dar las revoluciones: en una guardia pretoriana empeñada en volver la vista atrás y conservar esencias. Una revolución es ese fenómeno social que un día de mucho sofocón conquista el futuro para, desde allí, petrificar el pasado e imponerlo como larguísimo presente de desfiles militares. Se aprecia en el caso del último ciudadano soviético: Serguéi Krikaliov salió una mañana de paseo al espacio, y como buen cosmonauta se tiró sumando órbitas casi un año. Al regresar, la URSS, que él había dejado languideciente, ya no existía.
He cambiado el sobre de ir a votar por la tarjeta de embarque. Que estoy, digamos, de experimento social. Me enteraré de los resultados de las elecciones en España cuando el avión sobrevuele el puerto de Boston: por una de esas causalidades espacio-temporales, la puerta abierta y húmeda a la contemporaneidad. Lo mismo salgo krikalioviano del país, con un sistema bipartidista (PPSOE + Conveniencia i Según), y cuando vuelva resulta que mis compatriotas se han puesto creativos ante las urnas y lo han revolucionado todo: reinventando, en plan paliniano, el sistema cuatripartito del Régimen de 1978, con la emergencia rediviva de la UCD y el PCE puestos al día.
Es que ninguna novedad deja de estar prevista en el pasado. Las Revoluciones americana y soviética, un suponer: la liaron parda y alumbraron los nuevos días. Luego, venga de dar vueltas: desmintiendo la extendida superstición del cambio, se dedicaron a hacerse conservadoras. A desgastarse.
La dichosa rotación de la Tierra.



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