domingo, 29 de diciembre de 2019

XIII, 2. «Disputa entre Elena y María» (h. 1220-1914)


El modernista Menéndez Pidal (= MP) fue afamado coautor de obras compuestas en la bruma de los tiempos medios. En 1914, avisado por un bibliófilo Sánchez, describió cierto manuscrito del siglo XV, tan pequeño (63 x 65 mm. las hojillas mayores) que es para verlo; sí se puede: en la Biblioteca Digital Hispánica, pues desde 2017 para en la UVI restauradora (signatura RES/291) de la Nacional, que lo compró a una Casa de Alba cercada de dispendios y la plebeya Hacienda que somos casi todos. Las incompletas 25 hojas de ese «librillo destinado a la faltriquera del juglar», copian un poema compuesto cien años antes, tal que en trozos de servilletas de la taberna y al modo de Twitter: «unos 240 caracteres por página de unas ocho líneas cada una» (Pérez Priego 2017).
Recompuso MP el poema, dejando «ordenados sus versos como deben estar» (1914: 55), y lo rotuló Elena y María (disputa del clérigo y del caballero), con esa maña suya para bautizar pretéritos textos sin título. Al presentarlo en esmerada edición paleográfica, de la que iré citando, lo dató en el último tercio del siglo XIII, aunque Franchini propuso fecharlo hacia 1220-1240 (2001: 104). En su estupendo estudio, MP trazó la tradición europea, entre 1150 y 1250, del género culto y progresivamente satírico del debate entre dos mujeres sobre si es mejor amar a clérigo o a caballero (1914: 69-78): tradición que es ley físico-filológica con que predecir el final de Elena y María. Y el principio: aprovechando la intensa poda a que insectos, humedades, sobreuso e incuria —esa compaña de agentes que llamamos paso del tiempo— sometieron al manuscrito, el poema comienza ex abrupto, efecto estético que logró el azar de haber perdido los versos iniciales, en que una María dispara contra el «mio amigo» (v. 14) de una Elena. Quien la interrumpe, iniciando la disputatio en que intervienen como arguens, atacando la tesis contraria, y como defendens de la propia (Walde 2006: 165-166): que es más satisfactorio ser concubina del abad (María: buen nombre para asuntos eclesiásticos) o barragana del caballero (Elena: ¿humorística referencia a la de Troya?). Ambas «somos hermanas & fijas de algo» (v. 19), aunque su pobreza, como la del hidalgo del Lazarillo, las forzó a distanciarse del honor aristocrático y a vivir mantenidas: «el mio es defensor, / el tuyo es orador» (vv. 23-24).
Una historiografía pacata y mojigata ha ocultado el carácter sexual de tantos textos clásicos españoles. En su excelente análisis, Walde corrigió esa infrainterpretación de Elena y María, al reparar en la ironía con que trata la dicha materia (2006: 166-170); pero aún permite el texto ir más lejos: María defiende la regalada vida del clérigo con voces de doble referencia (comer, ambivalente también en «Muchas vegadas queredes comer / quenon podedes auer» [vv. 243-244]; yacer, calzar, cabalgar) que velan lo sexual: «Ca el biue bien onrrado / & sin todo cuydado; / ha comer & b[euer] / [&] en buenos lechos jazer; / ha vestir & calçar / & bestias enque caualgar, / vasallas & vasallos, / mulas & cauallos; / ha dineros & pannos / & otros aueres tantos» (vv. 35-44). Pareados que contienen una sinonimia reiterada en la poesía medieval para referirse a la anatomía femenina o masculina objeto del deseo, vasalla = mula y vasallo = caballo. Elena la vuelve a usar cuando defiende a su mercenario (barraganería) guerrero sexual, «ca es cauallero [ar]mado, / de sus arma[s] esforçado» (vv. 21-22): «Por ami fazer plazer, / de veluntad se va conbater; / […] / ganna muchos aueres por su barragania / & por su caualleria, / gana mulas & cauallos / e otros aueres tantos, / oro & plata & escarlata / de que soy preçiada» (vv. 396-407).
Pero María acusa al caballero de tener «vidas de garçon» (v. 50), ‘mozo disoluto’ (MP 1914: 88-89). Encolerizada, Elena sostiene que su «apuesto» (v. 80) caballero «A mi tien onrrada, / vestida & calçada / viste me de çendal / e de al que mas val» (vv. 95-98). Y sentencia retadora: «que mas val vn beso de infançon / que çinco de abadon» (vv. 100-101). Con todo, reserva la carga de profundidad contra el abad en la ironía (vv. 107-115) de que su «cuydado mayor» es «de su salterio rrezar, / & sus molaziellos ensenar», con un rezar resemantizado hacia la enseñanza sexual que procura a sus ‘monaguillos’ (MP 1914: 89): «la batalla faz con sus manos / quando bautiza sus afijados» en plan sobón, pues «su incontinencia carnal» «le lleva a practicar una suerte de pederastia» (Pérez Priego 2017). Este cuidado se extiende, de nuevo con doble sentido, al «comer & gastar / & dormir & folgar», y al explícito ennartar, ‘seducir’ (MP 1914: 87-88), a toda mujer que se le ponga a tiro: «fijas de omnes bo[nos] ennartar, / casadas & por casar». No es exacto, pues, este piadoso resumen: «El clérigo no sabe hacer otra proeza en obsequio de su amiga que repasar el salterio, o dar la absolución» (MP 1914: 58). Ese pasaje del poema, junto con la descripción de tareas del cura (vv. 179-187) y la «amplia sátira» (MP 1914: 67) anticlerical de los vv. 349-384, contiene un esbozo de la parodia sexual ni más ni menos que de las horas canónicas.
Con ella gamberreará dentro de unas décadas el Libro del Arcipreste de Hita, 372-387.

[Procedencia de las citas: R. Menéndez Pidal, «Elena y María (disputa del clérigo y del caballero): poesía inédita leonesa», Revista de Filología Española, 1 (1914), pp. 52-109; M. Á. Pérez Priego, «El Poema de Elena y María», Madrid, Biblioteca Nacional de España, [2017], 5 pp.; E. Franchini, Los debates literarios en la Edad Media, Madrid, Laberinto, 2001; L. von der Walde Moheno, «Humorismo crítico: la Disputatio entre Elena y María», Bulletin of Hispanic Studies, 83.3 (2006), pp. 163-179.]



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