lunes, 8 de enero de 2018

IX, 46. Clasificación de la liga de ruinas antologadas

En lo que Herrera, comentando el I de Garcilaso, llamó «perpetuo i pequeño espacio» del soneto (Anotaciones, p. 268), es teóricamente posible injertar un mínimo de doce nombres de urbes y obras arquitectónicas destruidas por la violencia humana o por el tiempo. Lo prueba la tabla clasificatoria de las dos jornadas de la liga de los reductores de ruinas en miniantologías, que arroja los siguientes resultados:


Ruinas
Cetina, Vandalio
(antes de 1557)
Aguilar,
Sombra
(1592)
Arguijo,
Argío
(antes de 1597)
Tassis, Villamediana
(h. 1605-1611)
Roma




cuarteto 1
——
——
——
Sagunto
cuarteto 2
cuarteto 2
cuarteto 1
Troya
cuarteto 1
——
cuarteto 1
Numancia
cuarteto 1
cuarteto 1
——
Cartago
cuarteto 2
cuarteto 1
cuarteto 1
Jerusalén
——
——
——
Belgrado
——
——
——
Rodas
——
——
——
Bizancio
——
——
——
Babilonia
——
terceto 2
——
——
Templo de Éfeso
——
——
cuarteto 1
——
[Madrid]
——
——
——
terceto 1

Esta clasificación permite, en efecto, obtener un modelo teórico de soneto con colección de ruinas. Siendo 1 su representación, si dividimos el número de menciones desplegadas por cada poeta participante entre esas 12 y llamamos proximidad al resultado, concluiremos que Cetina obtiene la máxima cercanía al modelo teórico: una proximidad de 0,75. Durante el medio siglo de duración de la liga, nadie fue más capaz que él de acercarse tanto. Al contrario, todos fueron alejándose del récord:


Cetina
Aguilar
Arguijo
Villamediana
PROXIMIDAD
0,75
0,41
0,33
0,33

Midamos ahora el espacio ocupado por las ruinas en el perpetuo y pequeño disponible del soneto, que, representado de nuevo por 1, suma 0,57 en los cuartetos y 0,43 en los tercetos, de acuerdo con la conocida ecuación que reza soneto = (0,285 x 2) + (0,215 x 2). Llamemos al resultado concentración, máxima si mide 0,215 y mínima si da 1:


Cetina
Villamediana
Arguijo
Aguilar
CONCENTRACIÓN
0,285
0,500
0,570
0,785

Reuniendo todas sus menciones en el primer cuarteto, de nuevo Cetina sale vencedor. Farolillo rojo, que no Sombra, es aquí Aguilar, con su máxima dispersión de referencias. En el centro de la clasificación, Arguijo y Villamediana son equiparables, como ya lo eran por las dos coincidencias detectadas en sus sonetos.
Indican la clasificación y sus medidas que, según corre el tiempo, los poetas disminuyeron la concentración y la proximidad: dos modos de innovar. Se fueron alejando, pues, del modelo teórico, que así iba él mismo convirtiéndose en una ruina textual. Pero como, aunque teórico, es dependiente del tiempo, fue completándose, pasando de una dimensión de nueve ruinas (la marca de Vandalio) a otra final de doce. Es que cada poeta sucesivo adicionó un nuevo resto arqueológico —expresión con su no sé qué de paradójica—, hasta llegar al Villamediana que, al mencionar a Madrid dentro del habitual esquema bitemático, sugirió que sería futura ruina.
Pongámonos ahora cubistas y examinemos la clasificación desde otra perspectiva. Sagunto y Cartago —y en menor medida Troya y Numancia— constituyen el mínimo común denominador de los cuatro sonetos de la liga. A los cartagineses que destruyeron Sagunto en 218 a. C., durante la primera guerra púnica, sucedieron los romanos, que le cogieron el gusto a esto de asolar, tanto en Hispania (Numancia, 133 a. C.) como en África (Cartago, 146 a. C.). Esta postrer destrucción cerró la segunda guerra púnica y resultó en la hegemonía romana sobre el Mediterráneo. Tales eventos son puntos que une con línea más o menos gruesa el relato del historiador, geómetra del tiempo. Sobre sus figuras alzan luego los ideólogos los espejos de la simetría —que postula la invariancia—, desde la inconfesable suposición de que la Historia no puede ser sino purita matemática, o sea, repetición: el soneto XXXIII de Garcilaso, por ejemplo, muestra la convicción de que el nuevo Imperio español heredero era del romano. Como prueba de tal simetría funciona el que Carlos V hubiera asolado Roma en 1527, según ésta había hecho con Cartago casi diecisiete siglos antes. Que la confección de acontecimientos simétricos es, como la venganza, lenta, pero segura: el cetro y centro del mundo pasaban de una península a otra del Mediterráneo. Siempre, eso sí, hacia el oeste. Otro temazo: rotando y trasladándose, la Historia universal resulta vicaria del Sol.
Los tres hilos conductores del mínimo común denominador de la liga microantológica (1: Troya à [Roma] / Cartago; 2: Sagunto-[Roma] / Cartago; 3: Numancia / [Roma]) sitúan a las dos antiguas —viejas no, redivivas— urbes de Hispania derruidas, en una concreta ideología de los siglos XVI y XVII, la del localismo como augurio del incipiente nacionalismo. Frente al poder avasallador de los imperios, la resistencia de Sagunto ante Cartago y, ochenta años después, la de Numancia ante Roma —a la que Cervantes acababa de dedicar su tragedia La destrucción de Numancia (h. 1580-1585)—, constituyen el punto de unión de esta liga ganada por uno del Betis y disputada por los sevillanos Vandalio y Argío, el valenciano Sombra y un madrileño, Villamediana, al que, atento siempre a su real gana, le dio por nacer en Lisboa.
Un mapa, si incompleto, de la España peninsular de entonces.


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