sábado, 29 de febrero de 2020

X, 29. Matemática de la Historia


La Filosofía de la Historia se esforzaba por hallar tendencias, patrones y constantes en el devenir colectivo de la Humanidad, por ver de predecirlo. Ahí es nada. En la línea del fatalismo reaccionario de La decadencia de Occidente (1918-1922) de Spengler, y de la teoría cíclica de las civilizaciones desarrollada por Toynbee en Estudio de la Historia (1934-1961), el farmacéutico Alexandre Deulofeu teorizó una Matemática de la Historia de andar por su casa carlista. A tenor de su sucinta web, dijérase que una Historia matemática, o circular, ha de estar fatalmente ligada a un destino pero que muy previsible, de modo que la libertad sea en ella coherentemente descartada como entelequia. Así que el postulado deulofeuniano según el cual «la humanidad podrá ser capaz, de conocerlos, de alterar los propios ciclos» para «tender a organizarse bajo la forma de una Confederación Universal de pueblos libres» es, por sobre su carácter decimonónico o galdosiano, profundamente contradictorio con su histórica geometría de escuadra y cartabón.
Expulsado el factor libertad de tales esquemas y ecuaciones, los regímenes dictatoriales, que son la mayoría, resultarían acordes con las leyes físico-matemáticas de la ahora llamada Teoría de la Historia; de donde las democracias, esas excepciones, quedarían reducidas a una estupenda ficción. Resulta, sin embargo, que las evidencias, medidas por ejemplo en movimientos migratorios, muestran que la población mundial prefiere jugársela, saltando mares y muros, para vivir bien en repúblicas parlamentarias (Alemania, Italia, Finlandia, Irlanda, Austria, Islandia, Portugal…) o presidencialistas (Estados Unidos, Francia…), bien en monarquías parlamentarias (Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Noruega, Dinamarca, España, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda), organizadas todas ellas como imperfectos Estados del bienestar. De modo que la ficción de la libertad (e incluso de la felicidad) es preferible, para el común de los mortales, a la tiranía física.
Bosquejados así estos complejos asuntos, la política más realista resulta ser la política-ficción. Desde mediados del siglo XX, una muy lograda fórmula para narrarla es el relato more borgesiano, que no excluye su aquel de ensayo, incluso bibliográfico, y de fantástica simetría. Acogida a tal modo, la subserie El final de la cuenta atrás de Literaventuras, XI, se nucleaba en torno a las constantes π y binomial en la política española de los siglos XIX-XXI, y a la reflexión sobre el devenir temporal a que conduce una consideración radical de la parodia.
Recuerden. O sea, predigan:

XI, 6. El final de la cuenta atrás (1) (18-4-2015). 7: un procurador del Sacro Imperio Romano Germánico (más conocido hoy por sus siglas UE) regala unos anillos mágicos, o deuvedés, a un monarca que andaba de visita (2015); 6: teoría de la parodia futura de Ataúlfo Marconi (Floritemas, 1987).
XI, 7. El final de la cuenta atrás (2) (21-4-2015). 5: los Espejismos (1934) de Zacarías Lerma como fuente de Marconi, y la aristotélica indagación del literato Karl Marx sobre la parodia (1852).
XI, 8. El final de la cuenta atrás (3) (26-4-2015). 4: un proyector de pelis se explica como puede (2015); 3: el texto parodiado es producido por el paródico (Marconi, 1958).
XI, 9. El final de la cuenta atrás (4) (2-5-2015). 2: una predicción marconiana (h. 1978); 1: 1825-2025, o la constante π (es decir, PI) y el principio del binomio real (Marconi, 1979).
XI, 10. El final de la cuenta atrás (y 5) (10-5-2015). 0: el Círculo Historiográfico Marconiano y su discusión del Poema del Cid como texto parodiado por, o creador de, un procurador del Sacro Imperio Romano Germánico y su afortunada hueste.


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