El leninismo ha quedado como forma de organizar sectas políticamente. Al resultado se le llamó partido. El Partido. Setenta años de difusión masiva de su obra a cargo del Estado dentro del Estado, es decir, del Partido, terminaron por convencer a los ya convencidos de que Lenin era un intelectual. No: fue un propagandista, un disciplinado alborotador que escribe de los hechos que vivió y provocó, un estratega formidable. No un pensador. Ni a las suelas llega de los botines londinenses de Marx.