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sábado, 24 de octubre de 2020

X, 34. Que no está el horno para gatos

 

Sempiterno arte de birlibirloque: el bulo goza de bula para dispararse como una bala a la que de continuo se le da bola. Así no hay quien pueda. Véase, si no, el crédulo exitazo del gato microondeado.

domingo, 29 de diciembre de 2019

XIII, 2. «Disputa entre Elena y María» (h. 1220-1914)


El modernista Menéndez Pidal (= MP) fue afamado coautor de obras compuestas en la bruma de los tiempos medios. En 1914, avisado por un bibliófilo Sánchez, describió cierto manuscrito del siglo XV, tan pequeño (63 x 65 mm. las hojillas mayores) que es para verlo; sí se puede: en la Biblioteca Digital Hispánica, pues desde 2017 para en la UVI restauradora (signatura RES/291) de la Nacional, que lo compró a una Casa de Alba cercada de dispendios y la plebeya Hacienda que somos casi todos. Las incompletas 25 hojas de ese «librillo destinado a la faltriquera del juglar», copian un poema compuesto cien años antes, tal que en trozos de servilletas de la taberna y al modo de Twitter: «unos 240 caracteres por página de unas ocho líneas cada una» (Pérez Priego 2017).

domingo, 22 de diciembre de 2019

XIII, 1. Capítulos de literatura sexual española


Supongamos que otra historia sea posible. Una en que las categorías que usaron los respectivos autores y sus lectores u oidores contemporáneos, fueran las empleadas por el historiador literario, que las fue hallando en los saltos del viaje en el tiempo que exige, sin prejuicios, el estudio de lo pretérito. Y una historia, además, que tuviera conciencia de que el pasado es el parto de los sucesivos futuros, de modo que vinculara entre sí los textos con que se fuera topando por los meandros de un río que sólo fue rectilíneo en la imaginación decimonónica. Que reprodujera, pues, las condiciones de compañía discursiva que cumplen las operaciones comunicativas humanas: hipervinculándolas, quizá.

domingo, 25 de enero de 2015

IV, 15. Derecho a definir

Hay gentes que creen que el Director de la Academia Española es el Presidente de la Academia de la Lengua. Y van y lo llaman así. Equivocándose, comportamiento muy habitual. Es que no faltan los errados en esto de la Academia. Y en su Diccionario: muchos de sus adeptos opinan que el DRAE tiene que atrapar palabras bonitas no más, definidas para dibujar un mundo la mar de cómodo, feliz y sin sobresaltos.

sábado, 4 de enero de 2014

VII, 9. Un Gran Hermano lexicográfico (2)

«¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?», «el sexo sin amor no alcanza la plenitud» (¿o era la plenitez?; ¿o el plenilunio?), «el amor sin sexo no sé dónde coño…». Todas estas nonadas y vaciedades de consultorio psicoleches. A ver, queridas y queridos: que amor y sexo vienen a ser, sobre poco más o menos, lo mismo. Déjense de banalizaciones cinematográficas, amén de sacristanes o sexólogos, y miren si no los diccionarios.

martes, 8 de octubre de 2013

II, 10. El cementerio de texto

El día después, albricias, de que el tedioso y odioso calendario te obsequiara, en paradójica gracieta, con otro año. Te pegas el enésimo madrugón de tu vida laboral. Dispuesto, no faltaba más, a cumplir con la misión. Séase: contribuir, desde humilde aula, a eso que el buen pueblo llama la culturización. Cualquiera que fueren los significados de tales palabros, culturización y pueblo, ya hubo quienes sostuvieron sin pestañear que molaban mazo: la culturización y el pueblo, digo. Serían los expertos; gentes que, por la manía de distinguirse de los subordinados, en sus lustrosos informes van ya por la aculturación: que comentar la factura del teléfono también es cultura, coño. A lo que iba: agarras, vas, te levantas, enciendes el periódico y constatas que la Prensa es que no para: otro aluvión de noticiones. A cuál peor. El de hoy: que es que no nos enteramos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

IV, 10. Excursión lexicográfica submarina


Cervantes dio en su discurrir narrativo con dos canes que hablaban. En su Novela y coloquio que pasó entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resurrección… (1613), Berganza va relatando su vida a Cipión, que a veces, cuando su compañero se anda por las ramas, interrumpe el cuento: «y por tu vida, que calles ya y sigas tu historia».

lunes, 11 de junio de 2012

V, 3. Inversión de valores


Compiten en el desgobierno de España los que todo lo fían a un mundo guay de gomina y gominolas, o sea, ¿no?, los niños consentidos de la Pura Pijotería, y quienes se quedaron en la lectura a medias del Libro rojo del cole, los preadolescentes gamberros de la Pandilla Selecta Oficial del Estado. Gracias a que la mayoría sigue depositando religiosamente sus votos de relicario, ateo o no, y despreciando la realidad y la razón, visita de paso La Moncloa una ristra de joseluises que no quisieron dedicarse a sus zapatos y de marianos que no rajan y se rajan. Rompiendo unos y otros los jarrones que le van quedando al coqueto y recoleto palacio.

domingo, 11 de marzo de 2012

IV, 5. Jibarizar la vida

La revisión de los estereotipos del príncipe de cuento de hadas que es siempre bienamado y termina defraudando y del príncipe de la razón de Estado que es siempre temido y acaba ajusticiado, podría concluir también así: la política es una colección de artimañas para segmentar el mundo en clichés.

domingo, 29 de enero de 2012

IV, 2. Príncipes y estereotipos

El inerte y pobre cliché o estereotipo semántico es una forma lingüística fija que, repitiéndose de continuo —de manera que su pauloviano o canino automatismo de estímulo-respuesta es previsible en ciertos contextos—, selecciona un aspecto muy determinado de un referente y lo simplifica al máximo. El cliché esquematiza y detiene así la realidad, antes compleja y dinámica. Simplificación y repetibilidad: bien mirado, toda voz funciona como cliché que nos aprisiona y del que somos cómplices. He llamado al fenómeno síndrome lingüístico de Estocolmo.

sábado, 28 de enero de 2012

IV, 1. El síndrome lingüístico de Estocolmo

Para quienes se pasaren los eufemismos
por el arco del pensamiento libre


En El conflicto lingüístico en España (Madrid, 1998) llamé mitolingüística al conjunto de los prejuicios que mantenemos sobre la lengua, que no son pocos. Entre ellos figura uno especialmente avieso, no sólo por imperceptible, sino por las consecuencias que acarrea. Es la falsa idea de que las palabras son las cosas. Para las culturas primitivas, en el principio siempre era el verbo; nada parece haber cambiado para las actuales, excepto que no se dice. De tal idea deriva con facilidad otra: para transformar la realidad, basta con modificar las palabras. He aquí el cómodo y acomodaticio fundamento del eufemismo.