El próximo 6 de enero cumple ocho años este blog,
que me regalé por Reyes. Para ir celebrándolo, indexaré aquí algunas series de Literaventuras.
Empezando, parece natural, por la I, A su can se acerca una muchacha,
que conjunta reflexiones, écfrasis y otras relaciones sobre la
escena prototípica y sus derivados que, con su no sé qué de enigmática, en la
pintura hace compañeros a mujer y perro. Se incorporan asimismo textos literarios (por supuesto, de temática sexual) relativos al asunto.
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viernes, 27 de diciembre de 2019
domingo, 6 de octubre de 2019
I, 25. Lenguaraces perrillos de compañía
«Asimismo, pensarían que no quince días de unas
vacaciones […] en acabarlo me detuviese, como es lo cierto; pero aun más tiempo
y menos acepto»: en este alto ejemplo de «El autor a un su amigo» con que se
abre Celestina, aproveché otras vacaciones, las del pasado y efímero mes de agosto
—cálido y más corto que el gélido febrero—, para terminar de escribir un
libro sobre literatura sexual española. Por celebrarlo, añado ahora un nuevo
capitulillo a la serie I de Literaventuras, «A su can se acerca una
muchacha», con que inauguré
este blog.
sábado, 23 de noviembre de 2013
I, 24. «Hot dog»
Lubrificada con
tomate, penetra una salchicha en un pan ardiente que acaba de ser horadado por metálico
instrumento, al que no faltarán miradas que le atribuyan forma de consolador.
Lo llaman hot dog o perrito caliente. Y se merca,
anunciándose como apetitoso, no con otra finalidad que la de ser comido. Hace
siglos que pan significa ‘vulva’ y/o ‘vagina’,
como atestigua hoy nuestra frase coloquial «¡Esas manos, que van al pan!»;
tampoco es de ahora comer con el
sentido de ‘mantener una relación sexual’. Y con los perros, ¿qué nos pasa?
martes, 20 de agosto de 2013
I, 23. El perro de Pedro y la llave de Pierre
Extraordinario
servicio, con perdón, prestaron Pierre Alzieu, Robert Jammes e Yvan Lissorgues
cuando, allá por 1975, compilaron una benemérita Floresta de poesías eróticas del Siglo de Oro. Servicio a la
filología y a la cultura española, tan tenidas por mojigatas. Con sus decenas
de poemas, la colección que en siguientes ediciones fue retitulada Poesía erótica del Siglo de Oro (PESO, para los amigos), desmentiría a
quienes pensaban, y siguieran haciéndolo, que España había sido territorio
yermo para las letras sexuales. Sin ir más lejos, otro francés, Alexandrian,
que aún hace nada lo sugirió en su tan incompleta Historia de la literatura erótica (Barcelona, Planeta, 1990).
sábado, 3 de agosto de 2013
I, 22. Polivalente perrillo
En su
instructiva «Zoología erótica en la lírica del Siglo de Oro» (eHumanista,
15 [2010], pp. 262-301), Labrador y DiFranco coleccionan unos textos con «intención»
no menos «doble» que noble: rescatarlos de su marginalidad canónica —espacio
vedado para los manuales serios de la academia repetitiva— y lograr que «los
lectores se diviertan con su lectura como se divertirían quienes escuchaban
estas canciones». En aquellos tiempos en que fueron compuestas, y que en tantos
aspectos gozaron de mayor libertad que los nuestros.
sábado, 22 de junio de 2013
I, 21. Paréntesis con delicada explicación
Mucho antes de Pirandello o Unamuno, el Autor como personaje. Ya hemos visto que en el mamotreto (o capítulo) XVII del Retrato de la Lozana andaluza, del clérigo Francisco Delicado, Rampín, criado de la protagonista, cuenta al Autor el diálogo mantenido por Lozana y una mujer lombarda. Allí se documenta perrica con el significado de ‘pene’, de acuerdo con el encriptado código sexual eufemístico. Concluíamos que en aquella escena Lozana fijaba la vista en el bulto de Rampín; una prueba, o sea, de lo que en el mamotreto XLII discurrirá el Autor mientras piensa precisamente en Lozana: «siempre oí decir que los ojos de las mujeres se hicieron de la bragueta del hombre, porque siempre miran allí» (ed. Sepúlveda, p. 234).
sábado, 6 de abril de 2013
I, 20. Prolongaciones del perro
Desde la Antigüedad hasta la Edad Media, el perro mantuvo, según Andrade Kowayashi, que cita a Lewinsohn, «una condición de “proletario” entre los animales»; pero en el siglo XVI asciende el buen can en la consideración humana y comienza a figurar en los lienzos, junto a sus dueños de posibles y de acuerdo con una codificada distribución de tamaños y funciones: «los perros falderos y pequeños», «como acompañantes femeninos», «y los perros grandes como atributos de masculinidad»[1].
lunes, 1 de abril de 2013
I, 19. Un símbolo estrujado
Estaba revisando, para mis clases de literatura erótica española, algunos documentos ahora de fácil acceso en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España, cuando doy con la revista barcelonesa El Fandango. Baile semanal dedicado al bello sexo masculino. Se publicó entre 1891 y al menos 1894. Destaca la Hemeroteca Digital de esta «publicación periódica ilustrada» de «género erótico-festivo», que hacía pensar que era llevada por mujeres: figuran como «directora literaria» y como «directora artística», respectivamente, «Dª Pepita Sensible» y «Dª Blanca Flor», y más tarde se presentaría a «Dª Panchita Caliente como directora». Uno (otro) de sus seudónimos, habituales en la imprenta erótica, era «Casta del Todo».
martes, 1 de enero de 2013
I, 18. Vibraciones
Definitivamente, el arte abstracto mató al erotismo. Basta echar un vistazo a Mujer y perro delante de la luna, 1936 (Madrid, Museo Reina Sofía), de Joan Miró (1893-1983), para comprobarlo. Y salir luego corriendo. Por mucho juego de bolso (o bolsa, no sé), por mucha lengua que saque ella, que saca mucha, y por mucho gato en que se convierta él, que se convierte y mucho, no hay por dónde imaginar, percibir sugerencias, notar incitaciones. La luna ha hecho lunáticos estragos en ese desperdicio de líneas tiradas y pastosos colorines.
viernes, 19 de octubre de 2012
I, 17. Una de contemporáneos deprimidos
Solemos quererlo mucho, quizá porque nacimos en él. Pero hay que reconocerlo: el siglo XX, que Bergamín llamó de la doble incógnita, fue un follón, un pasmo, un caos, una cosa. Literalmente fue la bomba. También para la pintura.
jueves, 16 de agosto de 2012
I, 16. Tras los extraños perros de Goya y Delicado
Perro semihundido (1820-1823) es la «más enigmática» de las pinturas negras, según la Galería online del Museo del Prado, que lo describe así: «La cabeza de un perro aparece tras una mancha de color, que Goya no definió, ante un espacio desnudo y vacío y mirando hacia arriba, a algo o alguien que estaba fuera de la composición». Sobre las frías paredes de su Quinta, un desengañado y sordo pintor iba inventando vanguardias, o al menos haciendo arte ininteligible. Para nosotros. Esperable entonces que su perro, del que apenas sobresale la cabeza por entre una curva que se adivina sinuosa, terminara siendo «relacionado» con «la fatalidad de la muerte». Y dale.
miércoles, 25 de julio de 2012
I, 15. La mirada desnuda de la maja
Como cualquier época, la nuestra tiene varias fechas de nacimiento. Pongamos la de 1827. Expuestas al fin en ese año fueron las Venus recostadas, entre ellas las tizianescas, en el Museo del Prado. A la vista de todos: un wikileaks democratizador de la estética y el deseo. 1827… Un año después moría Francisco de Goya.
viernes, 20 de julio de 2012
I, 14. Ambivalencias goyescas
Coleccionista de palacios, pintores y poetas, doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo había heredado, de la heráldica y la historia, el ademán del mando. Francisco de Goya la retrató con ese gesto, habitual y seguro, que sintetiza un dedo: el que orienta y ordena a quien la contempla, enhiesta y congelada desde 1795, en el óleo Duquesa de Alba (Madrid, Palacio de Liria).
domingo, 24 de junio de 2012
III, 12. Pabellón goyesco de caza
Los Borbones, como antes los Austrias y siempre el resto de dinastías que se precien y en el mundo han sido, gustaron del tan instructivo juego o deporte de la caza, a ser posible mayor, aunque todo pudiera valer para matar el tiempo y aliviar la pesada carga de la irresponsabilidad.
lunes, 4 de junio de 2012
I, 13. La «ecuación Tiziano» y sus derivadas
Convengamos en el siguiente esquema, que de algún modo hay que empezar el capitulillo:
desnudo femenino + mitologismo + perro = Tiziano
domingo, 6 de mayo de 2012
I, 12. Que miramos con los ojos de Tiziano
Es como la pintura, la poesía, sentenció Horacio en su Epístola a los Pisones. Ambas artes perfilan asimismo nuestra memoria: una escena contemplada, un imaginado momento, quedan de tanto en tanto trazados indelebles en el horizonte del recordar humano: transformados en poderosos arquetipos.
martes, 1 de mayo de 2012
I, 11. Casta Diana... y cazadora
Conjuntando una novela y una pequeña pinacoteca, Elogio de la madrastra ya ha sido examinado en estas Literaventuras. Su capítulo 5, «Diana después de su baño», enlaza con el cuadro de François Boucher Diane sortant du bain, 1742 (París, Louvre). Es el óleo que da pie a Vargas Llosa para su relato ecfrástico sobre la relación lésbica imaginada entre Lucrecia y su criada Justiniana. Como novedad en nuestros contemplativos y virtuales paseos museísticos, Boucher retrata no a una, sino a dos llamativas mujeres que se hallan en compañía de canes. Es que venían de cazar.
lunes, 16 de abril de 2012
I, 10. Venus al día
Hoy lo llamamos deconstrucción. Hemos visto a Tiziano hacerlo varias veces con Venus… Deconstruirla, quiero decir: tumbándola a la bartola en habitaciones de su momento —el del pintor— para transformarla en coetánea y cotidiana. El amor (llamémoslo así) explicado como para andar por casa, en imágenes no mal pagadas; o bien un pretexto —cultísimo, vale— para mostrar señoras desnudas. O para retratarlas: «Os he de convertir en deidad, el mayor asombro que vieron ni verán los siglos. Haced la merced de desvestiros». El mito es que sirve para un roto y para un descosido.
lunes, 26 de marzo de 2012
I, 9. De imágenes y palabras
La encontraron «sentada hilando la lana». Su belleza y recato dejaron fascinado a Sexto Tarquinio, hijo de Tarquinio el Soberbio, rey de Roma. Horas antes estaban bebiendo y fanfarroneando. Durante el cerco militar de Ardea, Sexto Tarquinio y algunos acompañantes, como Colatino, habían ensalzado cada uno a su esposa sobremanera. Estimulados por el vino, decidieron volver a Roma, verlas a todas y averiguar quién era la mejor. And the winner was… Lucrecia, la mujer de Colatino.
domingo, 4 de marzo de 2012
I, 8. Demorados preliminares
Correrá a cargo esta vez de Mario Vargas Llosa la écfrasis de otro cuadro tizianesco[1]. Constituyan tal coyunda el capítulo 7, «Venus con amor y música», de la estupenda, inteligente y finísima novela erótica Elogio de la madrastra (1988), y el óleo Venus recreándose con el Amor y la Música, h. 1555 (Madrid, Museo Nacional del Prado), que pertenece a la serie musical y venusina que en estas Literaventuras va siendo examinada o recreada.
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