Anda
la novela-ensayo de Rafael Reig, Señales
de humo. Manual de literatura para caníbales I (Barcelona, Tusquets, 2016),
llena de aciertos, como aquél en que el protagonista, errante de siglos en
cuanto enloquecido catedrático de literatura en un instituto, toma «conciencia
de que el principal obstáculo para la enseñanza son los padres de los
estudiantes» (p. 34). O este otro: «Los textos escolares y ediciones anotadas
dan explicaciones que los lectores contemporáneos se tragan sin masticar
siquiera: la barba del Cid es símbolo de su honor» (p. 113), por ejemplo. Así
que, por no tragárselo, el pasaje rotulado «El misterio de una barba» (pp.
113-117) deconstruye el texto medieval para concluir que Rodrigo Díaz de Vivar
se dejó crecer la barba lo indecible «por amor del rey Alfonso» (Poema del Cid, v. 1240), «su amor, su
pecado, su alma, mon homme, luz de su
vida, fuego de sus entrañas, Al-fon-so, dice, y la lengua se ensancha y
retrocede, como una ola […]». Vamos, que el Campeador era gay. Prefiero masticar
—aunque tarde más— o comprobar la validez de tal lectura postmoderna.
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sábado, 13 de octubre de 2018
miércoles, 8 de agosto de 2018
IX, 51. IAG 1.2
«[…]
porque la máquina del mundo es harto
compleja
para la simplicidad de los hombres»
(Borges,
El hacedor, p. 68)
Un
texto parafraseado se metaforsea en el referente (la realidad a la que se
apunta) de sus respectivas
paráfrasis. Cuando prosifican el poema de Góngora, sus
comentaristas pretenden aclararlo: vierten entonces su música coral y
poliédrica en modestas y pálidas líneas de sintaxis simple. Revisemos este
procedimiento en algunas paráfrasis de las 74 palabras del pasaje (Soledades, I, 62-76) sobre el que vamos
tratando.
miércoles, 1 de agosto de 2018
IX, 50. IAG 1.1.1
Algo se parece a como cuando estás olvidado del mundo o repantingado
en el sofá, viendo una peli española en mal año rodada con sonido directo, por
la cosa de la naturalidad y del ahorro (o del ahorro-naturalidad): que tienes
que darle varias veces al replay para
averiguar qué coñocojones farfulla la última revelación de los Goya, criatura que
tantas clases de vocalización fue saltándose hasta alcanzar el éxito. Se parece
algo, sí, pero con Góngora manda la métrica música perfectamente medida, domeñadora
de la sintaxis y señora de la semántica. Aunque es el caso que sus poemas exigen
VAR a cada instante, tal que la vida misma, o relectura continua…, a medida que
se los va leyendo. En el siglo pasado ensayé una explicación:
lunes, 30 de julio de 2018
IX, 49. IAG 1.1
Al
leer un texto esperamos no sólo que nos dé la razón, sino encima que lo haga
del modo en que lo queremos. Ya saben: sujeto, verbo, predicado. Esa
simplicidad. El método de
la IAG, sin embargo y sin concesiones, resulta mucho más acorde con la complejidad del mundo.
Al que se supone que hacen referencia los textos.
domingo, 8 de julio de 2018
IX, 48. IAG 1.0
El peregrino que visite el de la Ciencia Museo de Granada topará, cuando encamine sus pasos hacia la entrada, con inquieto, si no inquietante, cronómetro. Que persistente desgrana, en cómputo raudo y fatal, el número de individuos del humano género que sin descanso se incorporan a la tarea de ocupar el planeta. Si dos horas durase su vagar errante por las estancias del museo, el peregrino comprobará a su salida los muchos miles de criaturas que acaban de llegar, en tan breve lapso, a este mundo. Cuyo gran cambio no es sino el de la superpoblación: «número crece y multiplica voces», que dijera Góngora (Soledades, I, 232). La plaga que no previeron, antes de nuestro siglo, los incapaces dioses. Imposible gestionar con nuestras herrumbrosas herramientas tantos big data asociados a esa multiplicación. De modo que la inteligencia ha de evolucionar para comprender y enfrentar tamaña complejidad. ¿En inteligencia artificial (IA)? Si así fuera, qué mejor entrenamiento iniciático que la Inteligencia Artificial Gongorina (IAG).
domingo, 22 de abril de 2018
XI, 13. Leve viaje en la máquina del tiempo
Abrir
un libro publicado en el pasado —o sea, un libro— es traspasar puerta que dará
en algún curvado pasadizo del laberinto del tiempo. Que trazan distorsionadas
líneas de historicidad. Un libro es, por tanto, peculiar objeto físico que
enlaza el efímero presente con puntos pretéritos conectados de modo cambiante entre
sí: una azarosa máquina del tiempo. A los mandos, cada sucesivo lector, que se
deja guiar por su propio o anacrónico manual de instrucciones. Sobrevolemos abismos
temporales, por experimentar la sensación, con la edición póstuma de Varias poesías, compvestas por don Hernando
de Acuña. Dirigidas al Príncipe don Felipe N. S., En Madrid, en caſa de P.
Madrigal, 1591[1].
En su tramo final figura el soneto tal vez más conocido —desde el siglo XIX— de
su autor, «Al Rey Nuestro Señor». Sea el punto [2] de la ruta del tiempo que
voy a considerar:
viernes, 9 de marzo de 2018
IX, 47. La regla de tres de Jorge Manrique
Corrían por el seminario de Julio Marconi —sí,
el hermano del teórico Ataúlfo
Marconi— aires de una nueva historia de la literatura. Historia que
fuera ajena a los «viejos moldes retóricos de corte decimonónico (coherencia
narrativa, flujo temporal lineal, períodos unitarios, transparencia del código
empleado, neutralidad expositora, etc.)» con que había Santiáñez-Tió caracterizado a la ya manida y desgastada, mientras esperaba que un «historiador interesado en
relatar la multiestratificación del tiempo» la superara con los recursos de la
«narrativa experimental y modernista»: «pluralidad de voces, simultaneidad de
escenas, polisemia, multilenguaje, montajes paralelos». Avivo el seso y recuerdo ahora el caso de las Coplas a la muerte de su
padre con
que, preparando esa venidera historia literaria reversible —o sustentada en las
curvaturas del tiempo—, ensayaba Marconi.
lunes, 8 de enero de 2018
IX, 46. Clasificación de la liga de ruinas antologadas
En lo que
Herrera, comentando el I de Garcilaso, llamó «perpetuo i pequeño espacio» del
soneto (Anotaciones, p. 268), es
teóricamente posible injertar un mínimo de doce nombres de urbes y obras
arquitectónicas destruidas por la violencia humana o por el tiempo. Lo prueba la
tabla clasificatoria de las
dos jornadas de la liga de los reductores de ruinas en
miniantologías, que arroja los siguientes resultados:
viernes, 5 de enero de 2018
IX, 45. La liga de los reductores de ruinas (jornada 2)
Del doctor en
Derecho y capitán Andrés Rey de Artieda (1549-1613), que batalló en Lepanto, ya
vimos que en 1605 publicó su traducción
del soneto de Castiglione sobre las ruinas de Roma. Como participante, con
el alias Centinela, en la valenciana
Academia de los Nocturnos (1591-1594), coincidió el 13 de octubre de 1593 con otro de sus
46 integrantes sucesivos, apodado Sombra: Gaspar
Aguilar, secretario y mayordomo de aristócratas —dado, pues, «a la escritura de
encargo»— y tenido por alguno de los académicos como el mejor poeta de aquella
junta[1].
domingo, 31 de diciembre de 2017
IX, 44. La liga de los reductores de ruinas múltiples
Por lo que
llevamos experimentado[1], se
entiende que los autores de sonetos sobre ilustres e ilustradoras ruinas, casi
nunca las vieron. Castiglione se supone que sí, las de Roma; Herrera quizá, las
de Itálica, que le pillaban cerca, al fondo a la izquierda del barrio de
Triana. Para contemplar las de Cartago, a Garcilaso, Cetina y Tasso no les
bastó con pisar las arenas del desierto africano: tuvieron que echar mano de
alguna guía de viajes. Sin problemas, pues, dada su condición de lectores
impenitentes. Ayudaría, por ejemplo, el Libro I de las Historias de Polibio, que adujo y recondujo (hacia La Goleta)
Herrera en sus Anotaciones (p. 472):
domingo, 17 de diciembre de 2017
IX, 43. Herrera modifica una teoría que se sabe
Como Garcilaso
y Cetina,
también multinacional poeta soldado de Carlos V fue Bernardo
Tasso (1493-1569) en Túnez. Y como ellos, su cuarto a
espadas y plumas había echado sobre las ruinas de Cartago; que, aunque
sagradas, sólo quedaron en su canto como telón de fondo en que lamentar que
«Marte sanguinoso» lo hubiera alejado de la amada. De modo que su soneto venció
por el lado del yo el característico bitematismo a lo
Castiglione: apenas el primer cuarteto de Tasso se
dedica a invocar a los restos supuestos de la antigua Cartago y al africano desierto
abrasador que lo quisieran escuchar. Así que T
= RcT1 + Ya3. Como leímos ya hace
tiempo «Sacra ruina che ‘l gran cerchio giri…» (Rime
[ed. 1537], III, 9), lo recordaré ahora con pálida versión
sonetil mía:
domingo, 17 de septiembre de 2017
IX, 42. Un «fútil detalle»
El verso clave (o
sea, llave) de la preceptiva autosonetil de Blengio,
«y si al concluir le cierra llave de oro», el trece tenía que ser, resulta musicalmente
mejorable: es, mira por dónde, el «fútil detalle» que «empaña» el «decoro» (v.
9) de este soneto. Su llave dista de ser «de oro», pues resulta ['dóro]. Porque el nimio detalle que provoca el estropicio es, en
este caso, fonético. Para comprobarlo, debemos radiografiar
el soneto de Blengio: pasarlo por los rayos X del AFI, el alfabeto fonético internacional.
domingo, 10 de septiembre de 2017
IX, 41. Manual de instrucciones
Principio básico del
conocimiento es que éste se conquista en los detalles. No hay dato, hecho o
signo que no los ofrezca para detectar en ellos pautas y extraerles tendencias.
Requisito no menos básico es armarse de paciencia para descifrarlos. Un ejemplo
claro se echa en falta para ilustrar el proceso. Sea el siguiente mensaje:
sábado, 15 de abril de 2017
IX, 40. Retrogusto cartaginés
Ah de las pruebas…: a cuenta del soneto XXXIII de Garcilaso, sostiene Vranich que los poetas
españoles del XVI sustituyeron las ruinas romanas por las cartaginesas, pues
demasiado próximo estaba el Saco de Roma (1527) como para remover remembranzas del
solar que las tropas de Carlos V dejaron en la Ciudad eterna[1]. Qué sencillo suponer sin documentar. Los ritmos de
la historia de la poesía, por lo demás, no coinciden con los que ahorman la
general: si para los poetas de 1927 resultaron más relevantes los cancioneros
del XV y del XVI que la dictadura de Primo de Rivera, para Garcilaso y Cetina,
aunque soldados, fueron decisivas las combinaciones, que se hicieron virales,
de Castiglione sobre Roma (C = RT3
+ Y1) y Tasso sobre Cartago (T = RcT1
+ Ya3). La coctelera del XXXIII, también titulado A Boscán desde la Goleta, había obtenido, mezclándolos, esta nueva
fórmula: G = RcT3 + Ya1.
miércoles, 1 de febrero de 2017
IX, 37. Pie a tierra
Recién terminada la publicación por entregas de Pepita Jiménez,
que por mayo era por mayo de 1874, el sacerdote, erudito y musicólogo José
María Sbarbi —otra neurona del memorión de Wikipedia— se apresuraba a reseñarla
en «Un plato de garrafales (Juicio crítico de Pepita Jiménez, por D[on]. J[uan]. V[alera].)», Revista de
Archivos, Bibliotecas y Museos, IV (1874), pp. 187-190 y 203-205. Con
gracejo gaditano que procuraba contener la mala baba, criticó Sbarbi «estas
epístolas no católicas, en cuanto al lenguaje se entiende» (p. 204a).
lunes, 16 de enero de 2017
IX, 35. Luis de Vargas, «desempedrando las calles»
Para mi
amiga Esther Huete, que leyendo
estas Literaventuras me sugirió la cita de
Lorca
Valera publicó Pepita Jiménez en cuatro entregas del
tomo XXXVII de Revista de España, números
146-149 (28-III-1874, 13-IV-1874, 28-IV-1874 y 13-V-1874). Aunque con vistas a la posterior edición de la novela como libro (Madrid,
J. Noguera, 1874) pulió el texto —lo estudió Ana Navarro (CILH, 10 [1988], 81-103), quien
mencionaba los descuidos que el autor reconocería en 1897—, pudo haber escapado
a su control cierto detalle. En carta del 4 de abril, previa (claro) a la ya citada del 4 de mayo, Luis de Vargas, quejándose del ajetreo del campo, indica:
«aquí me paseo mucho a pie y a caballo»; frase que, procediendo de la primera
entrega de Revista de España (página 160), se estampó idéntica en la edición Noguera (página 40). ¿Minucia? Si a caballo se
refiere a montar cuadrúpedos, como una mula, lo es; de lo contrario, quizá en
su plan primigenio era ya caballista
Luis, pero, a medida que iba escribiendo, Valera apreció la fuerza del motivo (¿o
estereotipo semántico?) del enamorar ecuestre. Y decidió explotarla, mediante
el expediente de cambiar planes y desdecirse, sin corregir la incoherencia
narrativa.
lunes, 9 de enero de 2017
VI, 29. Ercilla, inventor de Chile (y 4)
La literatura
aplicada de Daniel Devoto (Textos
y contextos, 1974) es bien distinta de la que concibió treinta años antes Alfonso
Reyes:
Es literatura aplicada la historia escrita con belleza
literaria de estilo y forma [...]; no lo es el esquema
geométrico de Federico de Onís [RFE,
1915] sobre la transmisión de los textos en una oda de fray Luis de León.[1]
domingo, 1 de noviembre de 2015
IV, 16. Filología futbolística
Persiguiendo a quienes defraudan a Cataluña, la Agencia Tributaria trinca a
Javier Alejandro Mascherano: millón y medio de euros se le habían distraído. Para ir pagando ahora los 300 millones que a las
farmacias debe el Govern de Mas, que anda alelado con la catetilla cursilada esa de la desconexión. Pero vamos a lo que de
verdad importa a la gente: ¿podrá jugar Mascherano la enésima pachanga del
siglo?
viernes, 11 de septiembre de 2015
IX, 33. Gracián relee a Ramón (2)
La génesis del proceso de la agudeza (o
conceptismo) es una intuición que Gracián capta muy gráficamente —o
sea, muy ramonianamente—
como «prontitud». Este chispazo va conduciéndose por hilos de rauda electricidad
comparativa: una instalación de «artificiosa proporción» y «agradable propiedad»
que mueve a «buscar correspondencias» de proporción (mediante la vista) y de
consonancia (con el oído). La agudeza opera, pues, encontrando mínimas afinidades
entre un «sujeto» o «centro» y sus «adjuntos» o «circunstancias». Gracián llama
a todo ese proceso conceptear o sutilizar. Una teoría sobre el modo en
que funciona el pensamiento humano.
martes, 8 de septiembre de 2015
IX, 32. Gracián relee a Ramón (1)
Como hoy es fiesta en Málaga, estoy trabajando.
Manías de profesor. Llega un momento (suele ser por septiembre) en que pasa,
mientras preparas clases: harto ya de cantar las bellezas y verdades de las
obras que son eternas mientras duran; de contar las mil vicisitudes de autores
que fueron, claro, de carne y hueso; de segmentar el espacio-tiempo con
etiquetas colganderas para estantes de historia reponedora; de convertir la
poesía en crónica, surge la «urgencia de lo conceptuoso», que es como definió Gracián
la agudeza. Vamos, que la inteligencia debe ganar la partida a la repetición. Deberes
de clase.
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