También la casualidad genera
causalidades. En 1815, un suceso imprevisible o extraordinario, de esos que
ahora llaman cisne negro, desencadenó uno de los fenómenos regidos por
eso que ahora llaman efecto mariposa. Lo que nos gusta apellidar hechos
y procesos con nombres de animalillos a los que vamos arrinconando con nuestra
voracidad sapiens. El suceso, como recordó P. Unamuno al reseñar El año del verano que nunca
llegó
(2015), de William Ospina, «la erupción de
un volcán en los Mares del Sur, que provocó un “tsunami” en las costas de Bali, inundó vastas extensiones de China, llenó los
cielos del mundo entero de ceniza y azufre»; el efecto mariposa, que en «la
lejanísima Europa» aconteciera «el verano más frío del milenio» («La
noche que nació Frankenstein», El Mundo,
13-6-2015). A orillas del ginebrino lago Lemán, en la
mansión de Villa Diodati,
ya habían morado el Milton del Paraíso perdido en 1638, y luego Rousseau,
y después Voltaire. Allí se confinaron un 16 de junio de 1816, escapando del
desastre del frío, lord Byron y su médico humanista, John William Polidori, así
como enseguida otros personajes de esta historia circular, tales el poeta Percy
Bysshe Shelley y su novia Mary, a quienes acompañaba una tía de esta, Claire. Apostilla
Unamuno:
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sábado, 28 de marzo de 2020
domingo, 29 de diciembre de 2019
XIII, 2. «Disputa entre Elena y María» (h. 1220-1914)
El modernista
Menéndez Pidal (= MP) fue afamado coautor de obras compuestas en la bruma de los tiempos medios. En 1914, avisado por un
bibliófilo Sánchez, describió cierto manuscrito del siglo XV, tan pequeño (63 x 65 mm. las hojillas mayores) que es
para verlo; sí se puede: en la Biblioteca Digital Hispánica, pues desde 2017 para en la
UVI restauradora (signatura RES/291) de la Nacional, que lo compró a una Casa
de Alba cercada de dispendios y la plebeya Hacienda que somos casi todos. Las
incompletas 25 hojas de ese «librillo destinado a la faltriquera del
juglar», copian un poema compuesto cien años antes, tal que en trozos de
servilletas de la taberna y al modo de Twitter: «unos 240 caracteres por
página de unas ocho líneas cada una» (Pérez Priego 2017).
domingo, 22 de diciembre de 2019
XIII, 1. Capítulos de literatura sexual española
Supongamos que otra historia sea posible. Una en que las
categorías que usaron los respectivos autores y sus lectores u oidores
contemporáneos, fueran las empleadas por el historiador literario, que las fue
hallando en los saltos del viaje en el tiempo que exige, sin prejuicios, el
estudio de lo pretérito. Y una historia, además, que tuviera conciencia de que
el pasado es el parto de los sucesivos futuros, de modo que vinculara entre sí
los textos con que se fuera topando por los meandros de un río que sólo fue
rectilíneo en la imaginación decimonónica. Que reprodujera, pues, las condiciones
de compañía discursiva que cumplen las operaciones comunicativas humanas: hipervinculándolas,
quizá.
viernes, 9 de marzo de 2018
IX, 47. La regla de tres de Jorge Manrique
Corrían por el seminario de Julio Marconi —sí,
el hermano del teórico Ataúlfo
Marconi— aires de una nueva historia de la literatura. Historia que
fuera ajena a los «viejos moldes retóricos de corte decimonónico (coherencia
narrativa, flujo temporal lineal, períodos unitarios, transparencia del código
empleado, neutralidad expositora, etc.)» con que había Santiáñez-Tió caracterizado a la ya manida y desgastada, mientras esperaba que un «historiador interesado en
relatar la multiestratificación del tiempo» la superara con los recursos de la
«narrativa experimental y modernista»: «pluralidad de voces, simultaneidad de
escenas, polisemia, multilenguaje, montajes paralelos». Avivo el seso y recuerdo ahora el caso de las Coplas a la muerte de su
padre con
que, preparando esa venidera historia literaria reversible —o sustentada en las
curvaturas del tiempo—, ensayaba Marconi.
domingo, 14 de enero de 2018
VIII, 6. Platko en multimedia
Nacido Ferenc Plattkó
Kopiletz (Budapest, 1898-Santiago de Chile, 1983) y apodado El oso rubio, Franz Platko fue portero
de fútbol en siete países (1914-1933), entrenador en nueve (1932-1965) y seleccionador
de Estados Unidos y Chile. Ganó una Liga (1929) y tres Copas de España
(1925-1926 y 1928) como guardameta del Barcelona (1923-1930) y tres Ligas
chilenas (1939, 1941 y 1953) como entrenador del ercillesco
Colo-Colo. Murió —lo recordó Valdano en «Fútbol
y cultura», El País, 12-7-1994— olvidado
de todos.
lunes, 8 de enero de 2018
IX, 46. Clasificación de la liga de ruinas antologadas
En lo que
Herrera, comentando el I de Garcilaso, llamó «perpetuo i pequeño espacio» del
soneto (Anotaciones, p. 268), es
teóricamente posible injertar un mínimo de doce nombres de urbes y obras
arquitectónicas destruidas por la violencia humana o por el tiempo. Lo prueba la
tabla clasificatoria de las
dos jornadas de la liga de los reductores de ruinas en
miniantologías, que arroja los siguientes resultados:
viernes, 5 de enero de 2018
IX, 45. La liga de los reductores de ruinas (jornada 2)
Del doctor en
Derecho y capitán Andrés Rey de Artieda (1549-1613), que batalló en Lepanto, ya
vimos que en 1605 publicó su traducción
del soneto de Castiglione sobre las ruinas de Roma. Como participante, con
el alias Centinela, en la valenciana
Academia de los Nocturnos (1591-1594), coincidió el 13 de octubre de 1593 con otro de sus
46 integrantes sucesivos, apodado Sombra: Gaspar
Aguilar, secretario y mayordomo de aristócratas —dado, pues, «a la escritura de
encargo»— y tenido por alguno de los académicos como el mejor poeta de aquella
junta[1].
domingo, 31 de diciembre de 2017
IX, 44. La liga de los reductores de ruinas múltiples
Por lo que
llevamos experimentado[1], se
entiende que los autores de sonetos sobre ilustres e ilustradoras ruinas, casi
nunca las vieron. Castiglione se supone que sí, las de Roma; Herrera quizá, las
de Itálica, que le pillaban cerca, al fondo a la izquierda del barrio de
Triana. Para contemplar las de Cartago, a Garcilaso, Cetina y Tasso no les
bastó con pisar las arenas del desierto africano: tuvieron que echar mano de
alguna guía de viajes. Sin problemas, pues, dada su condición de lectores
impenitentes. Ayudaría, por ejemplo, el Libro I de las Historias de Polibio, que adujo y recondujo (hacia La Goleta)
Herrera en sus Anotaciones (p. 472):
domingo, 17 de diciembre de 2017
IX, 43. Herrera modifica una teoría que se sabe
Como Garcilaso
y Cetina,
también multinacional poeta soldado de Carlos V fue Bernardo
Tasso (1493-1569) en Túnez. Y como ellos, su cuarto a
espadas y plumas había echado sobre las ruinas de Cartago; que, aunque
sagradas, sólo quedaron en su canto como telón de fondo en que lamentar que
«Marte sanguinoso» lo hubiera alejado de la amada. De modo que su soneto venció
por el lado del yo el característico bitematismo a lo
Castiglione: apenas el primer cuarteto de Tasso se
dedica a invocar a los restos supuestos de la antigua Cartago y al africano desierto
abrasador que lo quisieran escuchar. Así que T
= RcT1 + Ya3. Como leímos ya hace
tiempo «Sacra ruina che ‘l gran cerchio giri…» (Rime
[ed. 1537], III, 9), lo recordaré ahora con pálida versión
sonetil mía:
domingo, 17 de septiembre de 2017
IX, 42. Un «fútil detalle»
El verso clave (o
sea, llave) de la preceptiva autosonetil de Blengio,
«y si al concluir le cierra llave de oro», el trece tenía que ser, resulta musicalmente
mejorable: es, mira por dónde, el «fútil detalle» que «empaña» el «decoro» (v.
9) de este soneto. Su llave dista de ser «de oro», pues resulta ['dóro]. Porque el nimio detalle que provoca el estropicio es, en
este caso, fonético. Para comprobarlo, debemos radiografiar
el soneto de Blengio: pasarlo por los rayos X del AFI, el alfabeto fonético internacional.
domingo, 10 de septiembre de 2017
IX, 41. Manual de instrucciones
Principio básico del
conocimiento es que éste se conquista en los detalles. No hay dato, hecho o
signo que no los ofrezca para detectar en ellos pautas y extraerles tendencias.
Requisito no menos básico es armarse de paciencia para descifrarlos. Un ejemplo
claro se echa en falta para ilustrar el proceso. Sea el siguiente mensaje:
sábado, 15 de abril de 2017
IX, 40. Retrogusto cartaginés
Ah de las pruebas…: a cuenta del soneto XXXIII de Garcilaso, sostiene Vranich que los poetas
españoles del XVI sustituyeron las ruinas romanas por las cartaginesas, pues
demasiado próximo estaba el Saco de Roma (1527) como para remover remembranzas del
solar que las tropas de Carlos V dejaron en la Ciudad eterna[1]. Qué sencillo suponer sin documentar. Los ritmos de
la historia de la poesía, por lo demás, no coinciden con los que ahorman la
general: si para los poetas de 1927 resultaron más relevantes los cancioneros
del XV y del XVI que la dictadura de Primo de Rivera, para Garcilaso y Cetina,
aunque soldados, fueron decisivas las combinaciones, que se hicieron virales,
de Castiglione sobre Roma (C = RT3
+ Y1) y Tasso sobre Cartago (T = RcT1
+ Ya3). La coctelera del XXXIII, también titulado A Boscán desde la Goleta, había obtenido, mezclándolos, esta nueva
fórmula: G = RcT3 + Ya1.
domingo, 19 de marzo de 2017
IX, 39. Veinticinco años de caballería enamorante
mi corazón
por una galopada
Olga Bernad
La caballería
enamorante del XIX se desintegra en un cuarto de siglo: si don Luis
de Vargas consiguió muy pronto (Edad de Oro) los favores de una
predispuesta Pepita, a don Álvaro
Mesía le costó muchas rondas y esfuerzos muchos (Edad de Plata) predisponer
a la Regenta. En la Edad de Hierro de las bicicletas, Frasquito
Ponte, sin el don del tratamiento y de la equitación, acabó rechazado por
su corcel y descabalgado. Vencido por las bicis. Don Luis se habría sentido
sobre una bicicleta tan ridículo como a lomos de su mula vieja, y don Álvaro
nunca habría pedaleado ni hecho el
caballito. Con la expresión empleada por el personaje de Ronzal en La Regenta, ellos no hubieran aguantado ancas (II, 20).
sábado, 18 de febrero de 2017
IX, 38. «No vaya a tirarle al suelo», Frasquito
En Misericordia
(Madrid, Viuda e Hijos de Tello, 1897), el corcel de la caballería enamorante
no ensalza ya, sino que humilla, y sólo sombra es, vaga aspiración de una
frustrada burguesía. Galdós, otro
liberalote, retrata el presente ruinoso de nostálgicos venidos-a-menos, y
vislumbra un futuro que será esperanzador si lo conforman personajes como
Benina, representante de un pueblo que dejaría de serlo si cabalgara.
miércoles, 1 de febrero de 2017
IX, 37. Pie a tierra
Recién terminada la publicación por entregas de Pepita Jiménez,
que por mayo era por mayo de 1874, el sacerdote, erudito y musicólogo José
María Sbarbi —otra neurona del memorión de Wikipedia— se apresuraba a reseñarla
en «Un plato de garrafales (Juicio crítico de Pepita Jiménez, por D[on]. J[uan]. V[alera].)», Revista de
Archivos, Bibliotecas y Museos, IV (1874), pp. 187-190 y 203-205. Con
gracejo gaditano que procuraba contener la mala baba, criticó Sbarbi «estas
epístolas no católicas, en cuanto al lenguaje se entiende» (p. 204a).
sábado, 21 de enero de 2017
IX, 36. Álvaro Mesía, «admirado, tal vez amado»
El esquemático conflicto
interno de Luis de Vargas que soportaba el raudo andamiaje de Pepita
Jiménez, se vuelve todo complejidad, magnífica complejidad en La Regenta (Barcelona, Arte y Letras, 1884-1885) de Clarín. Como función conectada con el crecimiento, la complejidad es
asunto, entre otros, demográfico: en las novelas queda ligado a la creación de
más personajes. Tal teorema literario explica que el conflicto privado de Pepita Jiménez se redimensione como
público en La Regenta: entre el amor
carnal propuesto con don Álvaro Mesía, figura machoálfica de chulesca vaciedad,
y el amor un algo más que espiritual que explota en don Fermín de Pas,
magistral catedralicio. Clarín multiplica
por dos al seminarista secularizado que escribía sus cartas en la novela de Valera.
lunes, 16 de enero de 2017
IX, 35. Luis de Vargas, «desempedrando las calles»
Para mi
amiga Esther Huete, que leyendo
estas Literaventuras me sugirió la cita de
Lorca
Valera publicó Pepita Jiménez en cuatro entregas del
tomo XXXVII de Revista de España, números
146-149 (28-III-1874, 13-IV-1874, 28-IV-1874 y 13-V-1874). Aunque con vistas a la posterior edición de la novela como libro (Madrid,
J. Noguera, 1874) pulió el texto —lo estudió Ana Navarro (CILH, 10 [1988], 81-103), quien
mencionaba los descuidos que el autor reconocería en 1897—, pudo haber escapado
a su control cierto detalle. En carta del 4 de abril, previa (claro) a la ya citada del 4 de mayo, Luis de Vargas, quejándose del ajetreo del campo, indica:
«aquí me paseo mucho a pie y a caballo»; frase que, procediendo de la primera
entrega de Revista de España (página 160), se estampó idéntica en la edición Noguera (página 40). ¿Minucia? Si a caballo se
refiere a montar cuadrúpedos, como una mula, lo es; de lo contrario, quizá en
su plan primigenio era ya caballista
Luis, pero, a medida que iba escribiendo, Valera apreció la fuerza del motivo (¿o
estereotipo semántico?) del enamorar ecuestre. Y decidió explotarla, mediante
el expediente de cambiar planes y desdecirse, sin corregir la incoherencia
narrativa.
miércoles, 4 de enero de 2017
IX, 34. Enamorar a lomos de caballo
Tácita táctica artística para exaltar a próceres,
reyes y guerreros consiste en que los retratados monten espléndidos corceles. Efigies,
lienzos y poemas coinciden por lo general, y para los generales, en esta
convención. Que cuando se radicaliza deja solo al équido: advirtió don Carlos
que el viento del Norte podía «encajarle una pulmonía al caballo de la Plaza
Mayor» (Misericordia, I), obviando y
olvidando aquí Galdós a Felipe III, a la sazón jinete en esa
estatua. Por no mencionar la agudeza castiza, focalizada en broncínea
testicularia, de «Tener
más cojones que el caballo de Espartero».
viernes, 11 de septiembre de 2015
IX, 33. Gracián relee a Ramón (2)
La génesis del proceso de la agudeza (o
conceptismo) es una intuición que Gracián capta muy gráficamente —o
sea, muy ramonianamente—
como «prontitud». Este chispazo va conduciéndose por hilos de rauda electricidad
comparativa: una instalación de «artificiosa proporción» y «agradable propiedad»
que mueve a «buscar correspondencias» de proporción (mediante la vista) y de
consonancia (con el oído). La agudeza opera, pues, encontrando mínimas afinidades
entre un «sujeto» o «centro» y sus «adjuntos» o «circunstancias». Gracián llama
a todo ese proceso conceptear o sutilizar. Una teoría sobre el modo en
que funciona el pensamiento humano.
martes, 8 de septiembre de 2015
IX, 32. Gracián relee a Ramón (1)
Como hoy es fiesta en Málaga, estoy trabajando.
Manías de profesor. Llega un momento (suele ser por septiembre) en que pasa,
mientras preparas clases: harto ya de cantar las bellezas y verdades de las
obras que son eternas mientras duran; de contar las mil vicisitudes de autores
que fueron, claro, de carne y hueso; de segmentar el espacio-tiempo con
etiquetas colganderas para estantes de historia reponedora; de convertir la
poesía en crónica, surge la «urgencia de lo conceptuoso», que es como definió Gracián
la agudeza. Vamos, que la inteligencia debe ganar la partida a la repetición. Deberes
de clase.
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