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sábado, 28 de marzo de 2020

III, 59. Lecturas y escrituras de confinamiento


También la casualidad genera causalidades. En 1815, un suceso imprevisible o extraordinario, de esos que ahora llaman cisne negro, desencadenó uno de los fenómenos regidos por eso que ahora llaman efecto mariposa. Lo que nos gusta apellidar hechos y procesos con nombres de animalillos a los que vamos arrinconando con nuestra voracidad sapiens. El suceso, como recordó P. Unamuno al reseñar El año del verano que nunca llegó (2015), de William Ospina, «la erupción de un volcán en los Mares del Sur, que provocó un “tsunami” en las costas de Bali, inundó vastas extensiones de China, llenó los cielos del mundo entero de ceniza y azufre»; el efecto mariposa, que en «la lejanísima Europa» aconteciera «el verano más frío del milenio» («La noche que nació Frankenstein», El Mundo, 13-6-2015). A orillas del ginebrino lago Lemán, en la mansión de Villa Diodati, ya habían morado el Milton del Paraíso perdido en 1638, y luego Rousseau, y después Voltaire. Allí se confinaron un 16 de junio de 1816, escapando del desastre del frío, lord Byron y su médico humanista, John William Polidori, así como enseguida otros personajes de esta historia circular, tales el poeta Percy Bysshe Shelley y su novia Mary, a quienes acompañaba una tía de esta, Claire. Apostilla Unamuno:

domingo, 29 de diciembre de 2019

XIII, 2. «Disputa entre Elena y María» (h. 1220-1914)


El modernista Menéndez Pidal (= MP) fue afamado coautor de obras compuestas en la bruma de los tiempos medios. En 1914, avisado por un bibliófilo Sánchez, describió cierto manuscrito del siglo XV, tan pequeño (63 x 65 mm. las hojillas mayores) que es para verlo; sí se puede: en la Biblioteca Digital Hispánica, pues desde 2017 para en la UVI restauradora (signatura RES/291) de la Nacional, que lo compró a una Casa de Alba cercada de dispendios y la plebeya Hacienda que somos casi todos. Las incompletas 25 hojas de ese «librillo destinado a la faltriquera del juglar», copian un poema compuesto cien años antes, tal que en trozos de servilletas de la taberna y al modo de Twitter: «unos 240 caracteres por página de unas ocho líneas cada una» (Pérez Priego 2017).

domingo, 22 de diciembre de 2019

XIII, 1. Capítulos de literatura sexual española


Supongamos que otra historia sea posible. Una en que las categorías que usaron los respectivos autores y sus lectores u oidores contemporáneos, fueran las empleadas por el historiador literario, que las fue hallando en los saltos del viaje en el tiempo que exige, sin prejuicios, el estudio de lo pretérito. Y una historia, además, que tuviera conciencia de que el pasado es el parto de los sucesivos futuros, de modo que vinculara entre sí los textos con que se fuera topando por los meandros de un río que sólo fue rectilíneo en la imaginación decimonónica. Que reprodujera, pues, las condiciones de compañía discursiva que cumplen las operaciones comunicativas humanas: hipervinculándolas, quizá.

viernes, 9 de marzo de 2018

IX, 47. La regla de tres de Jorge Manrique


Corrían por el seminario de Julio Marconi —sí, el hermano del teórico Ataúlfo Marconi— aires de una nueva historia de la literatura. Historia que fuera ajena a los «viejos moldes retóricos de corte decimonónico (coherencia narrativa, flujo temporal lineal, períodos unitarios, transparencia del código empleado, neutralidad expositora, etc.)» con que había Santiáñez-Tió caracterizado a la ya manida y desgastada, mientras esperaba que un «historiador interesado en relatar la multiestratificación del tiempo» la superara con los recursos de la «narrativa experimental y modernista»: «pluralidad de voces, simultaneidad de escenas, polisemia, multilenguaje, montajes paralelos». Avivo el seso y recuerdo ahora el caso de las Coplas a la muerte de su padre con que, preparando esa venidera historia literaria reversible —o sustentada en las curvaturas del tiempo—, ensayaba Marconi.

domingo, 14 de enero de 2018

VIII, 6. Platko en multimedia

Nacido Ferenc Plattkó Kopiletz (Budapest, 1898-Santiago de Chile, 1983) y apodado El oso rubio, Franz Platko fue portero de fútbol en siete países (1914-1933), entrenador en nueve (1932-1965) y seleccionador de Estados Unidos y Chile. Ganó una Liga (1929) y tres Copas de España (1925-1926 y 1928) como guardameta del Barcelona (1923-1930) y tres Ligas chilenas (1939, 1941 y 1953) como entrenador del ercillesco Colo-Colo. Murió —lo recordó Valdano en «Fútbol y cultura», El País, 12-7-1994— olvidado de todos.

lunes, 8 de enero de 2018

IX, 46. Clasificación de la liga de ruinas antologadas

En lo que Herrera, comentando el I de Garcilaso, llamó «perpetuo i pequeño espacio» del soneto (Anotaciones, p. 268), es teóricamente posible injertar un mínimo de doce nombres de urbes y obras arquitectónicas destruidas por la violencia humana o por el tiempo. Lo prueba la tabla clasificatoria de las dos jornadas de la liga de los reductores de ruinas en miniantologías, que arroja los siguientes resultados:

viernes, 5 de enero de 2018

IX, 45. La liga de los reductores de ruinas (jornada 2)

Del doctor en Derecho y capitán Andrés Rey de Artieda (1549-1613), que batalló en Lepanto, ya vimos que en 1605 publicó su traducción del soneto de Castiglione sobre las ruinas de Roma. Como participante, con el alias Centinela, en la valenciana Academia de los Nocturnos (1591-1594), coincidió el 13 de octubre de 1593 con otro de sus 46 integrantes sucesivos, apodado Sombra: Gaspar Aguilar, secretario y mayordomo de aristócratas —dado, pues, «a la escritura de encargo»— y tenido por alguno de los académicos como el mejor poeta de aquella junta[1].

domingo, 31 de diciembre de 2017

IX, 44. La liga de los reductores de ruinas múltiples

Por lo que llevamos experimentado[1], se entiende que los autores de sonetos sobre ilustres e ilustradoras ruinas, casi nunca las vieron. Castiglione se supone que sí, las de Roma; Herrera quizá, las de Itálica, que le pillaban cerca, al fondo a la izquierda del barrio de Triana. Para contemplar las de Cartago, a Garcilaso, Cetina y Tasso no les bastó con pisar las arenas del desierto africano: tuvieron que echar mano de alguna guía de viajes. Sin problemas, pues, dada su condición de lectores impenitentes. Ayudaría, por ejemplo, el Libro I de las Historias de Polibio, que adujo y recondujo (hacia La Goleta) Herrera en sus Anotaciones (p. 472):

domingo, 17 de diciembre de 2017

IX, 43. Herrera modifica una teoría que se sabe

Como Garcilaso y Cetina, también multinacional poeta soldado de Carlos V fue Bernardo Tasso (1493-1569) en Túnez. Y como ellos, su cuarto a espadas y plumas había echado sobre las ruinas de Cartago; que, aunque sagradas, sólo quedaron en su canto como telón de fondo en que lamentar que «Marte sanguinoso» lo hubiera alejado de la amada. De modo que su soneto venció por el lado del yo el característico bitematismo a lo Castiglione: apenas el primer cuarteto de Tasso se dedica a invocar a los restos supuestos de la antigua Cartago y al africano desierto abrasador que lo quisieran escuchar. Así que T = RcT1 + Ya3. Como leímos ya hace tiempo «Sacra ruina che ‘l gran cerchio giri…» (Rime [ed. 1537], III, 9), lo recordaré ahora con pálida versión sonetil mía:

domingo, 17 de septiembre de 2017

IX, 42. Un «fútil detalle»

El verso clave (o sea, llave) de la preceptiva autosonetil de Blengio, «y si al concluir le cierra llave de oro», el trece tenía que ser, resulta musicalmente mejorable: es, mira por dónde, el «fútil detalle» que «empaña» el «decoro» (v. 9) de este soneto. Su llave dista de ser «de oro», pues resulta ['dóro]. Porque el nimio detalle que provoca el estropicio es, en este caso, fonético. Para comprobarlo, debemos radiografiar el soneto de Blengio: pasarlo por los rayos X del AFI, el alfabeto fonético internacional.

domingo, 10 de septiembre de 2017

IX, 41. Manual de instrucciones

Principio básico del conocimiento es que éste se conquista en los detalles. No hay dato, hecho o signo que no los ofrezca para detectar en ellos pautas y extraerles tendencias. Requisito no menos básico es armarse de paciencia para descifrarlos. Un ejemplo claro se echa en falta para ilustrar el proceso. Sea el siguiente mensaje:

sábado, 15 de abril de 2017

IX, 40. Retrogusto cartaginés

Ah de las pruebas…: a cuenta del soneto XXXIII de Garcilaso, sostiene Vranich que los poetas españoles del XVI sustituyeron las ruinas romanas por las cartaginesas, pues demasiado próximo estaba el Saco de Roma (1527) como para remover remembranzas del solar que las tropas de Carlos V dejaron en la Ciudad eterna[1]. Qué sencillo suponer sin documentar. Los ritmos de la historia de la poesía, por lo demás, no coinciden con los que ahorman la general: si para los poetas de 1927 resultaron más relevantes los cancioneros del XV y del XVI que la dictadura de Primo de Rivera, para Garcilaso y Cetina, aunque soldados, fueron decisivas las combinaciones, que se hicieron virales, de Castiglione sobre Roma (C = RT3 + Y1) y Tasso sobre Cartago (T = RcT1 + Ya3). La coctelera del XXXIII, también titulado A Boscán desde la Goleta, había obtenido, mezclándolos, esta nueva fórmula: G = RcT3 + Ya1.

domingo, 19 de marzo de 2017

IX, 39. Veinticinco años de caballería enamorante


mi corazón por una galopada
Olga Bernad

La caballería enamorante del XIX se desintegra en un cuarto de siglo: si don Luis de Vargas consiguió muy pronto (Edad de Oro) los favores de una predispuesta Pepita, a don Álvaro Mesía le costó muchas rondas y esfuerzos muchos (Edad de Plata) predisponer a la Regenta. En la Edad de Hierro de las bicicletas, Frasquito Ponte, sin el don del tratamiento y de la equitación, acabó rechazado por su corcel y descabalgado. Vencido por las bicis. Don Luis se habría sentido sobre una bicicleta tan ridículo como a lomos de su mula vieja, y don Álvaro nunca habría pedaleado ni hecho el caballito. Con la expresión empleada por el personaje de Ronzal en La Regenta, ellos no hubieran aguantado ancas (II, 20).

sábado, 18 de febrero de 2017

IX, 38. «No vaya a tirarle al suelo», Frasquito

En Misericordia (Madrid, Viuda e Hijos de Tello, 1897), el corcel de la caballería enamorante no ensalza ya, sino que humilla, y sólo sombra es, vaga aspiración de una frustrada burguesía. Galdós, otro liberalote, retrata el presente ruinoso de nostálgicos venidos-a-menos, y vislumbra un futuro que será esperanzador si lo conforman personajes como Benina, representante de un pueblo que dejaría de serlo si cabalgara.

miércoles, 1 de febrero de 2017

IX, 37. Pie a tierra

Recién terminada la publicación por entregas de Pepita Jiménez, que por mayo era por mayo de 1874, el sacerdote, erudito y musicólogo José María Sbarbi —otra neurona del memorión de Wikipedia— se apresuraba a reseñarla en «Un plato de garrafales (Juicio crítico de Pepita Jiménez, por D[on]. J[uan]. V[alera].)», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, IV (1874), pp. 187-190 y 203-205. Con gracejo gaditano que procuraba contener la mala baba, criticó Sbarbi «estas epístolas no católicas, en cuanto al lenguaje se entiende» (p. 204a).

sábado, 21 de enero de 2017

IX, 36. Álvaro Mesía, «admirado, tal vez amado»

El esquemático conflicto interno de Luis de Vargas que soportaba el raudo andamiaje de Pepita Jiménez, se vuelve todo complejidad, magnífica complejidad en La Regenta (Barcelona, Arte y Letras, 1884-1885) de Clarín. Como función conectada con el crecimiento, la complejidad es asunto, entre otros, demográfico: en las novelas queda ligado a la creación de más personajes. Tal teorema literario explica que el conflicto privado de Pepita Jiménez se redimensione como público en La Regenta: entre el amor carnal propuesto con don Álvaro Mesía, figura machoálfica de chulesca vaciedad, y el amor un algo más que espiritual que explota en don Fermín de Pas, magistral catedralicio. Clarín multiplica por dos al seminarista secularizado que escribía sus cartas en la novela de Valera.

lunes, 16 de enero de 2017

IX, 35. Luis de Vargas, «desempedrando las calles»

Para mi amiga Esther Huete, que leyendo
estas Literaventuras me sugirió la cita de Lorca

Valera publicó Pepita Jiménez en cuatro entregas del tomo XXXVII de Revista de España, números 146-149 (28-III-1874, 13-IV-1874, 28-IV-1874 y 13-V-1874). Aunque con vistas a la posterior edición de la novela como libro (Madrid, J. Noguera, 1874) pulió el texto —lo estudió Ana Navarro (CILH, 10 [1988], 81-103), quien mencionaba los descuidos que el autor reconocería en 1897—, pudo haber escapado a su control cierto detalle. En carta del 4 de abril, previa (claro) a la ya citada del 4 de mayo, Luis de Vargas, quejándose del ajetreo del campo, indica: «aquí me paseo mucho a pie y a caballo»; frase que, procediendo de la primera entrega de Revista de España (página 160), se estampó idéntica en la edición Noguera (página 40). ¿Minucia? Si a caballo se refiere a montar cuadrúpedos, como una mula, lo es; de lo contrario, quizá en su plan primigenio era ya caballista Luis, pero, a medida que iba escribiendo, Valera apreció la fuerza del motivo (¿o estereotipo semántico?) del enamorar ecuestre. Y decidió explotarla, mediante el expediente de cambiar planes y desdecirse, sin corregir la incoherencia narrativa.

miércoles, 4 de enero de 2017

IX, 34. Enamorar a lomos de caballo

Tácita táctica artística para exaltar a próceres, reyes y guerreros consiste en que los retratados monten espléndidos corceles. Efigies, lienzos y poemas coinciden por lo general, y para los generales, en esta convención. Que cuando se radicaliza deja solo al équido: advirtió don Carlos que el viento del Norte podía «encajarle una pulmonía al caballo de la Plaza Mayor» (Misericordia, I), obviando y olvidando aquí Galdós a Felipe III, a la sazón jinete en esa estatua. Por no mencionar la agudeza castiza, focalizada en broncínea testicularia, de «Tener más cojones que el caballo de Espartero».

viernes, 11 de septiembre de 2015

IX, 33. Gracián relee a Ramón (2)

La génesis del proceso de la agudeza (o conceptismo) es una intuición que Gracián capta muy gráficamente —o sea, muy ramonianamente— como «prontitud». Este chispazo va conduciéndose por hilos de rauda electricidad comparativa: una instalación de «artificiosa proporción» y «agradable propiedad» que mueve a «buscar correspondencias» de proporción (mediante la vista) y de consonancia (con el oído). La agudeza opera, pues, encontrando mínimas afinidades entre un «sujeto» o «centro» y sus «adjuntos» o «circunstancias». Gracián llama a todo ese proceso conceptear o sutilizar. Una teoría sobre el modo en que funciona el pensamiento humano.

martes, 8 de septiembre de 2015

IX, 32. Gracián relee a Ramón (1)

Como hoy es fiesta en Málaga, estoy trabajando. Manías de profesor. Llega un momento (suele ser por septiembre) en que pasa, mientras preparas clases: harto ya de cantar las bellezas y verdades de las obras que son eternas mientras duran; de contar las mil vicisitudes de autores que fueron, claro, de carne y hueso; de segmentar el espacio-tiempo con etiquetas colganderas para estantes de historia reponedora; de convertir la poesía en crónica, surge la «urgencia de lo conceptuoso», que es como definió Gracián la agudeza. Vamos, que la inteligencia debe ganar la partida a la repetición. Deberes de clase.