En el Descanso I, xv de su Marcos
de Obregón (1618), relata Espinel cómo su
protagonista topó con «un culebrón» que, «como supe después, a cuantos pasaban
acosaba». El pasaje describe una de tantas peleas contra el áspid como la mitología
y la literatura registran:
sábado, 21 de febrero de 2015
domingo, 15 de febrero de 2015
V, 17. El español en bragas (1)
Para Maria Llopis,
que megusteó el spoiler
Vaya
por delante que aprecio, y mucho, la escritura inteligente y provocadora de Fernando
Iwasaki cuando va en plan crítico literario o cultural. Por caso: «La polla de
Cervantes. Consideraciones sobre cómo la remetería y qué pajillas echaría»
(2005), uno de esos trabajos que, de vez en cuando, introducen el aire fresco de
las bienhumoradas plazas en la bibliografía académica, aquí referida a la literatura sexual. Sin embargo, ya saben que en
español (lengua que llaman así en todos los sitios, excepción hecha de España)
el giro vaya por delante es uno de
esos anunciadores —y por tanto destructores— de la intriga que la gramática,
tan miope y atenta en exclusiva a los huesecillos de un idioma, no es capaz de explicar.
Ya se lo digo yo: el giro anticipa que por detrás viene, según es costumbre, el
postre. Eso que Iwasaki llama «dar por cubo» en su artículo «Las bragas de
Pitágoras. Teorema en torno al erotismo y la pornografía» (1996). Donde de
pasada (p. 111, n. 5) se menciona al amante hortera Carlos de Inglaterra, que
fue ya asunto de un par (IV, 2 y IV, 3) de literaventuras.
sábado, 7 de febrero de 2015
IX, 24. Bazar de serpientes, dragones, cocodrilos
Las serpientes, decía,
se arrastran por todos los suelos y los textos todos. El mismo reptil,
seguramente, que el Ahrimán mentado por Volney, pudiera ser ese Tifón, hijo de Gea y
Tártaro —ahí es nada—, al que se refiere Hesíodo en la Teogonía,
820 ss.: «de sus hombros salían cien cabezas de serpiente, de terrible dragón».
Este engendro, de cuyas «cabezas brotaba ardiente fuego», luchará contra un dios
solar o de la luz, que ese resulta su oficio mayor. Sí, lo han adivinado: Zeus.
domingo, 1 de febrero de 2015
XI, 5. «M. C.»
Para Mavi, que también lo tiene
muy claro
Llevan
una temporada de obras en no sé qué iglesia de Madrid. Si fuera del Toboso, los
expertos que hurgan el sacro subsuelo, tras arremangarse y quitarse sus cascos
con relucientes bombillas, ya habrían declarado: «con la iglesia hemos dado, Sancho»
(Quijote, II, 9), que es lo que dice
el texto cervantino. Se fían muchos, antes de vencer el perezón de leer,
de lo que oyen al primo de una cuñada que tiene un conocido que una vez pasó la
vista por unas páginas de Cervantes, y siguen erre que erre con eso de que «con
la Iglesia hemos topado, Sancho». Suele pasarnos: un texto no debe aportar
nada nuevo, sino confirmar nuestros prejuicios. Ahora, andan treinta intrépidos
buscando la momia de Cervantes porque otros osados les han asegurado que,
escarbando un poco en no sé qué iglesia, la encuentran seguro: supongo, pues,
que topar no sólo significará ‘dar de
bruces’, sino ‘ir haciendo el topo’. Con un georradar, un pañuelo de cuatro
nudos y variados cacharros de picar criptas.
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