Cansaría
menos acompañar al hiperactivo Puigdemont en sus andanzas europeas, que estar
todo el santo día oyendo de sus huyendos. Con la noticia de que viajaba
a Helsinki, y conociendo que en el pasado, que dura desde tiempos
inmemoriales, ocurrieron tantas cosas que es imposible que no encuentren eco en
el efímero presente, me acerco al ordenata —antes los libros se sacaban de las
estanterías; ahora se bajan de una nube— para buscar las Cartas finlandesas (1898) de Ángel Ganivet[1]. Enseguida (pp. 2-3) despuntan las paralelas de
la Historia: «a todos nosotros se nos mete en el
cuerpo, juntamente con los primeros sobresaltos eróticos, una pasión violenta
por conocer nuevas gentes y nuevos climas, sin duda para sacudir el yugo del
amor […]»; o esta otra: «formé
el propósito de callarme hasta el día 1.ºde octubre, que es el de la apertura de los centros docentes, y ese día abrir mi cátedra».
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lunes, 26 de marzo de 2018
martes, 15 de agosto de 2017
IV, 22. Endogamia y biodiversidad
Situados ya en las puertas del XVII con el caso
de Covarrubias,
y antes de continuar explorando la historia de la
palabra raza
en sus definiciones y usos, convendrá trazar un mapa del sistema social en que
se produjeron los hechos de habla y se desarrolló la tarea de los lexicógrafos.
Como ante las complejidades y complicaciones de cualquier sistema del pasado, el
observador actual tiende a traducirlas filtrándolas a través de los rasgos del modelo
en que vive él. Inevitable entonces que en esa operación el pasado se simplifique.
domingo, 28 de mayo de 2017
IV, 21. Una marca sociolingüística en Covarrubias
Un día estupendo el de hoy para practicar deporte.
Me levanto, pues, bajo a la biblioteca, busco y encuentro el tocho —«El saber
no ocupa lugar», sostiene el ente conocido como sabiduría popular— de la edición Riquer de «El Covarrubias», acarreo sus 1,8 kgs., según dicta la báscula
del baño, a la que interrogo para verificar o falsar la hipótesis de un
refranero que cuando no se contradice persiste en la costumbre de equivocarse,
vuelvo a sentarme, estudio algunos lugares del Tesoro
de la lengua castellana o española (Madrid, 1611), tomo notas, enciendo
el ordenador, al otro lado de la pantalla los veo a ustedes, me pongo a
escribir. Qué duro esto del pentatlón.
sábado, 6 de mayo de 2017
IV, 20. Despistes de los viejos lexicógrafos
La construcción de un relato histórico requiere un
mecanismo que combine hechos acaecidos y conjeturas en una secuencia precisa. Cuantos
más datos se hallen disponibles, más cerca estaremos de ajustar la máquina del
tiempo a la que debería aspirar la historiografía. En esa tarea, los constructores del relato más alejados de los sucesos no sólo cuentan con
las conclusiones de sus antecesores, sino que, paradójicamente, pueden disponer
de una información mayor que quienes estuvieron más próximos a los hechos.
Vamos, que no hay que temer a los memoriones electrónicos y sus big data.
sábado, 29 de abril de 2017
IV, 19. La «raza» defectuosa de los tatarabuelos
Así pues, entre 1494 y 1670 habían los
lexicógrafos detectado cuatro estratos
—claro, la filología como arqueología de las palabras (Literaventuras, VII,
8, 9
y 10)—
en el significado de raça. Dibujemos
el correspondiente esquema, o esqueleto de blanquísimos huesos de claridad, por
ser didácticos a tope:
sábado, 22 de abril de 2017
IV, 18. Rayo, raído, raíz: hacia «raza»
¿Y cuando abren durante ese segundo que se va, un
viejo álbum custodiado en el cajón del ángulo oscuro, una carpeta del ordenata,
la nublada Instagram… para revisar una colección de fotos suyas? ¿Alguna
probable conclusión? Todo, sí, cambia, razón por la cual cierta norma
subyacente —y paradójica, ojo— rige la condición humana y sus creaciones: la
permanente transformación. Los poliédricos procesos de metamorfosis en que
opera esa ley son el espacio donde a sus anchas se mueven las Humanidades. La
etimología y la lexicografía, por ejemplo. Echemos un vistazo —en el Nuevo
Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española[1],
de la Academia— al caso de raza, voz
que devuelven múltiple los ecos de los recovecos de la Historia.
domingo, 16 de abril de 2017
IV, 17. Lengua lineal y lengua en estratos
Una experiencia compartida: cuando se
explica la lengua propia a estudiantes no nativos, preguntan estos por asuntos
que uno ni se había planteado. Suele ser porque quien aprende una lengua ajena
espera que ésta responda a los mismos criterios que la materna y, sobre todo,
que ofrezca soluciones lógicas o planas. Por ejemplo, en lo que acabo de
escribir, «cuando se explica…», la regla poliédrica cuando = si rompe los esquemas, porque, como los niños, quienes
aprenden otra lengua requieren soluciones unívocas. Pretenden una lengua
lineal, con una sola dimensión: una lengua artificial en que si fuera marca exclusiva de
condicionalidad y cuando marca
exclusiva de temporalidad.
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