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viernes, 7 de agosto de 2020

X, 33. La verdad, la mentira y sus parientes intermedios

 

Sepan cuantos esto oyeren que los señores de las Redes sin distancia social borran sus cuentos a las cuentas de Trump, por expandir coronabulos. A buenas horas, andará diciendo ya el Comandante en Jefe de la Mentira. Ítem más: que la guapura de guasap va a serlocjolmizarse incorporando una lupa de verificar mensajes. ¿Elemental, querido Watson? Pobres son aquellas inservibles cerraduras de poner puertas al campo o estas herramientas herrumbrosas que los usuarios despreciarán por preferir que los suyos les mientan mucho. Mejor entonces que la lupa, la pipa de reflexionar (cervantinamente) echando humo.

domingo, 12 de enero de 2020

XIII, 4. Las Horas por el forro de la parodia (sexta-completas)


Siguiendo las andanzas de su dura jornada, el clérigo va «luego a la iglesia» (Libro del Arcipreste de Hita, 380) a «le dezir tu razón» a la mujer, por lo que desea que se esté celebrando «la misa de novios», expresión con «alusiones sexuales» que cuadra además con que había «clérigos casados» (Simonatti 2008: 109). Y mejor que la ceremonia sea breve, «sin gloria e sin son»: sin el canto del Gloria in excelsis Deo («Gloria a Dios en las alturas») ni «música», para «ir al grano» (Morros 2004: 398-400). Grano cobrado cuando, al finalizar la misa, llegaba la hora sexta (381):

domingo, 29 de abril de 2018

XI, 14. Del asesinato como uno de los servicios públicos (1)


Lo mejor del librito, además de su excepcional título, Of Murder considered as one of the Fine Arts, es que lo leyó Borges. En las múltiples ocasiones en que cada día versan las conversaciones porteñas sobre teoría literaria, «es frecuente escuchar que a la mención de De Quincey, se sigue la frase: “sí, un escritor que le gustaba a Borges”», por lo que no extrañará la experiencia de un crítico argentino como Ledesma, quien, tras confesar que al leer al autor inglés «en textos que no se parecen a los de Borges», «les encontré algo “borgeano”», concluye: «No deja de ser asombroso de qué manera la lectura de un autor consagrado puede condicionar la de otros autores», revirtiendo «los términos de la influencia. La mediación de Borges determina nuestra recepción de Thomas De Quincey»[1]. No de otro asunto capital, la reversibilidad del tiempo, creo que tratara Borges.

domingo, 26 de abril de 2015

XI, 8. El final de la cuenta atrás (3)


4 (19 de abril de 2015)

Por caprichoso efecto feliz de las frágiles mariposas cuyo leve aleteo termina por causar maremotos en un quinto pino de la paradójica teoría del caos, Pablo Iglesias había publicado el texto esencial de entre los anudados en «El final de la cuenta atrás» («Por qué regalé Juego de Tronos a Felipe VI», El Mundo, 19-4-2015), un día después de iniciada esta serie de posts que indagan en el juego de tiempos.

domingo, 15 de febrero de 2015

V, 17. El español en bragas (1)


Para Maria Llopis,
que megusteó el spoiler

Vaya por delante que aprecio, y mucho, la escritura inteligente y provocadora de Fernando Iwasaki cuando va en plan crítico literario o cultural. Por caso: «La polla de Cervantes. Consideraciones sobre cómo la remetería y qué pajillas echaría» (2005), uno de esos trabajos que, de vez en cuando, introducen el aire fresco de las bienhumoradas plazas en la bibliografía académica, aquí referida a la literatura sexual. Sin embargo, ya saben que en español (lengua que llaman así en todos los sitios, excepción hecha de España) el giro vaya por delante es uno de esos anunciadores —y por tanto destructores— de la intriga que la gramática, tan miope y atenta en exclusiva a los huesecillos de un idioma, no es capaz de explicar. Ya se lo digo yo: el giro anticipa que por detrás viene, según es costumbre, el postre. Eso que Iwasaki llama «dar por cubo» en su artículo «Las bragas de Pitágoras. Teorema en torno al erotismo y la pornografía» (1996). Donde de pasada (p. 111, n. 5) se menciona al amante hortera Carlos de Inglaterra, que fue ya asunto de un par (IV, 2 y IV, 3) de literaventuras.

domingo, 1 de febrero de 2015

XI, 5. «M. C.»

Para Mavi, que también lo tiene muy claro

Llevan una temporada de obras en no sé qué iglesia de Madrid. Si fuera del Toboso, los expertos que hurgan el sacro subsuelo, tras arremangarse y quitarse sus cascos con relucientes bombillas, ya habrían declarado: «con la iglesia hemos dado, Sancho» (Quijote, II, 9), que es lo que dice el texto cervantino. Se fían muchos, antes de vencer el perezón de leer, de lo que oyen al primo de una cuñada que tiene un conocido que una vez pasó la vista por unas páginas de Cervantes, y siguen erre que erre con eso de que «con la Iglesia hemos topado, Sancho». Suele pasarnos: un texto no debe aportar nada nuevo, sino confirmar nuestros prejuicios. Ahora, andan treinta intrépidos buscando la momia de Cervantes porque otros osados les han asegurado que, escarbando un poco en no sé qué iglesia, la encuentran seguro: supongo, pues, que topar no sólo significará ‘dar de bruces’, sino ‘ir haciendo el topo’. Con un georradar, un pañuelo de cuatro nudos y variados cacharros de picar criptas.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

III, 52. El pequeño pez Nicolao

La Silva de varia lección (Sevilla, 1540), de Pedro Mexía, es libro que debiera, o a lo menos pudiera, seguir siendo de cabecera, como lo fue para Cervantes y —en sus cien ediciones y traducciones de los siglos XVI y XVII— para toda Europa. Tomazo de referencia para quienes apetezcan, con mente libre y abierta, disfrutar de los manjares de la memoria servidos bajo la especie de innumerables noticias, relatos, saberes y demás aventuras intelectuales. A manera de enciclopedia espléndidamente ordenada en apariencia. Un gimnasio para la inteligencia, la curiosidad y el pasmo.

sábado, 9 de noviembre de 2013

IX, 19. Salto con red

Más fácil resulta creer que dos perros charlan despaciosamente durante la noche. Bendita noche de perros. Más fácil de asimilar, digo, que Hugo Chaves se aparezca en modo pájaro cantor, o en forma de pétreo rostro tallado en el Metro de Caracas. Será porque lo primero lo cuenta Campuzano, o Cervantes, mientras que quien silba o relata lo otro es Nicolás Maduro. Que no hay color.

sábado, 26 de octubre de 2013

IX, 17. Interpretación poliédrica (o cervantina)

Se veía venir. El licenciado Peralta no cree al alférez Campuzano cuando este afirma que ha oído conversar a dos perros. Eso no cabe en cabeza humana, ni las leyes naturales permiten que suceda tal hecho extraordinario. El alférez tenía prevista la reacción de su interlocutor. De modo que Campuzano añade tres nuevos factores que reducen, o relativizan, la distancia insalvable que la naturaleza y la imaginación fijan entre lo ordinario y lo extraordinario. Vamos: que la verdad y la mentira no dibujan un simple triángulo (naturaleza — imaginación o software mental — hecho), sino un poliedro. O en forma menos geométrica: los límites entre verdad y mentira se tornan difusos si se les aplican esos tres factores de corrección, o alguno de ellos. A saber:

sábado, 19 de octubre de 2013

IX, 16. De los límites para la verdad

Como otro cualquiera en la época que sea, Cervantes fue un hombre de su tiempo. Digo: apenas traspasó alguna de las líneas rojas trazadas entonces. Si para nosotros es la democrática, abriéndose el XVII la principal línea roja seguía siendo la teológica. Pocos discuten hoy, al menos en público, principios como una persona mayor de edad, un voto. Todo lo más, con asomo de condescendencia se aprecian provocaciones como la de Borges: «la democracia, ese curioso abuso de la estadística». Ya se sabe: cosas de escritores desocupados, inteligentes o irónicos. En 1613, casi nadie pondría en solfa la idea de que, situado por sobre el mundo terrenal, regía otro metafísico. Hábitat o ecosistema de la divinidad. Cervantes —el contrarreformista Cervantes— tampoco.

miércoles, 16 de octubre de 2013

IX, 15. De la obligación de dudar

Entre los principios tan seguros como esclerotizados del catecismo decimonónico del padre Ripalda periodístico sigue figurando, y repitiéndose, aquel de que los hechos son sagrados y las opiniones son libres. A pesar de su mezcla sacroprofana (o quizá por eso), el axioma desprende un tufillo clerical que echa para atrás. Y se funda en dos arcaicos espejismos: que los hechos —que el catecismo suele confundir con las noticias— resultan entes uniformes, monolíticos y monológicos, susceptibles de ser narrados linealmente y como verdad de la buena, con estructura piramidal invertida, escalera de cinco o seis W y todo; y que una opinión no está sujeta a los dictámenes de la línea editorial, a su vez trazada por la secta política de que derive, y por los anunciantes y subvencionadores. Que pagan. Demasiada complejidad como para que el catecismo periodístico —surgido en el XIX, como casi todo nuestro veraz y voraz mundo del siglo XXI— no haya entrado en crisis. Pero que en barrena.

lunes, 15 de julio de 2013

IX, 10. Verdad, conveniencia y dudas

Procediendo de la novela de aventuras griega y caminando hacia una explicación racionalizadora —para su tiempo: neoaristotélica o contrarreformista—, Cervantes relata en el Persiles (1617) cosas que, por «extraordinarias», pondrán en entredicho todo el «crédito» ante el receptor, pues sucesos son que «tengan más de lo imposible que de lo verdadero»; así, las alfombras voladoras y los lobos que hablan (I, 8 y 18), fenómenos de ficción instantánea que significativamente se presentan juntos.

viernes, 12 de julio de 2013

IX, 9. Instantaneidad ficticia coherente o radical

Hay lectores u oyentes, como Mauricio, que no transigen del todo con el pacto del engaño. Son muy exigentes gentes con los textos instantáneamente ficticios, esos que desde el momento mismo de su escritura rehuyen el completo ajuste con las leyes de la que, por entendernos, seguiremos llamando realidad. Les solicitan adustos —sobre poco más o menos— que no sean muy radicales y, por tanto, que sus referencias resulten coherentes con las reglas dispuestas por los sacerdotes del poder jurídico y del poder científico.

martes, 15 de enero de 2013

IX, 5. Automarketing cervantino

El Siglo de Oro suele presentarse, en las hinchadas tarjetas de visita que son los manuales, como generador de una literatura basada en la autoridad y en su imitación; pero los textos áureos que responden al teorema del prurito de originalidad hacen hincapié justamente en el orgullo y el afán de primogenitura que va a haber que tildar de romántico, si de lo que se trata es de bautizar con categorías no menos anacrónicas o científicas que las de Renacimiento, Manierismo o Barroco.

sábado, 5 de enero de 2013

V, 11. Recortes previstos por Cervantes

Tengo para mí que Miguel de Cervantes no sabía cómo terminar El coloquio de los perros, una de sus Novelas ejemplares (1613). Si no es que no se entiende que al final acabe como empezaba Eugenio: «¿Saben aquel que diu?». Que se pone a contar chistes, digo. Supongo que por completar el pliego. Relata Berganza, el can, que en el hospital que guardaba había no un francés, un inglés, un ruso y un español, que es como principian los chistes de países y profesiones, sino un alquimista, un poeta, un matemático y un arbitrista.