Hay lectores u oyentes, como Mauricio, que no transigen del todo con el
pacto del engaño. Son muy exigentes gentes con los textos instantáneamente ficticios, esos que desde el momento mismo de su escritura rehuyen el completo
ajuste con las leyes de la que, por entendernos, seguiremos llamando realidad. Les solicitan adustos —sobre poco más o
menos— que no sean muy radicales y, por tanto, que sus referencias resulten
coherentes con las reglas dispuestas por los sacerdotes del poder jurídico y
del poder científico.
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viernes, 12 de julio de 2013
martes, 13 de marzo de 2012
VI, 6. Crónica de un influjo anunciado
¿Lo que llamamos realidad no será sino una gigantesca metáfora alzada por esos poetas o creadores que son los filósofos, los científicos y los historiadores? «No se diga, pues, que el arte copia a la Naturaleza», concluía en «La Gioconda» (Mocedades, 1911) el español más clarividente del pasado siglo —o quizá del pasado todo—, José Ortega y Gasset. Y a continuación se preguntaba, por supuesto retóricamente: «¿Dónde está esa Naturaleza ejemplar fuera de los libros de Física?».
viernes, 9 de marzo de 2012
VI, 5. Un bebé con cola de cerdo
La narrativa hispanoamericana cuyo alias mercadotécnico fue el boom, surgió, en buena medida, de un pensar y un soñar la relación y la fusión entre vida y escritura que legaron las vanguardias. Paremos mientes a cuento de esto en otros casos de imitación que la vida hace del arte o, como dirían prosaica y técnicamente los «leedores» —según los denominó displicente Pedro Salinas—, de la relevancia social de la institución literaria.
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