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sábado, 18 de abril de 2020

X, 30. Un juego para pasar el confinamiento


Creo poder recordar que me vine arriba cuando supe que Alonso Zamora Vicente (1916-2006), maestro de filólogos, se había tomado hace años la molestia de recortar, coleccionar y catalogar mi artículo «Lingüística y filosofía, o el juego del diccionario», Delibros, VII, 67 (mayo 1994), pp. 47-48. Me enteré por el ojo que todo lo ve de Google cuando reposa su mirada en la «Biblioteca Alonso Zamora Vicente», ahora en la Diputación de Cáceres. Allí se conserva una copia —según coges y pinchas en su «Catálogo»— de aquel trabajo. Así que, ya digo que con la extraña e insegura alegría de quien comprueba que lo que una vez escribió fue leído por otros, lo revisé y adapté al formato blog en la siguiente miniserie sobre el juego del diccionario:

domingo, 25 de febrero de 2018

II, 16. «Jóvena portavoza» (2)


De la nación de los Yahoos, los hechiceros son realmente los únicos
que han suscitado mi interés. El vulgo les atribuye el poder de cambiar
en hormigas o en tortugas a quienes así lo desean; un individuo que advirtió
mi incredulidad me mostró un hormiguero, como si éste fuera una prueba.
(Borges, «El informe de Brodie» [1970])

Quienes también hoy se rigen por el pensamiento mágico, sostienen, entre sus cuatro o quizá infinitos dogmas de patio de colegio o de andar por casa, que la persona lengua —a la que por resultarles tan poco amistosa señalan con su pulgar fascinado— es el mismísimo mundo, tan animado y animista. Creen, ciegos como el rey de los Yahoos, que cambiarla lo transforma. En vano les argumentará un cartesiano que eso sucede sólo en el inverificable orbe metafísico, construido y poblado en exclusiva por palabras. (Aunque de vez en cuando por él paseen un loco de Waterloo o una señora, prima hermana del arcángel Gabriel, que con valentía vence el miedo a la pelu para fundirse la caja de resistencia en estilismos ginebrinos.)

sábado, 17 de febrero de 2018

II, 15. «Jóvena portavoza» (1)

Parece que va siendo urgente desvelar tres secretos muy bien guardados: 1) todo idioma es arbitrario y, en consecuencia, el género gramatical, que 2) en español no marca en exclusiva la oposición –a/-o, 3) no tiene por qué coincidir con el referente del sexo. Entre quienes ignoran esta serie de secretos se cuentan numerosas víctimas de —dichoso siglo de siglas, que dijera Dámaso Alonso— la LOGSE, la LOE, la LOMCE y la ESO. Así, las jóvenes Bibiana Aído e Irene Montero, autoras respectivas de los idiolectos miembra (9-6-2008) y portavoza (6-2-2018); también algún miembro de su profesorado, como Carmen Romero, quien, no sé si con los (o las) calores, ideó en 1996 o 1997 el de jóvena[1]. Como soy como soy, las comprendo, dadas las duras circunstancias pragmáticas en que estas tres portavoces de nuestras élites alumbraron tales palabros: agarras, coges, vas y te subes al estrado para soltar soflamas de Congreso u homilías de mítin, y te vienes muy pero que muy arriba.

domingo, 25 de enero de 2015

IV, 15. Derecho a definir

Hay gentes que creen que el Director de la Academia Española es el Presidente de la Academia de la Lengua. Y van y lo llaman así. Equivocándose, comportamiento muy habitual. Es que no faltan los errados en esto de la Academia. Y en su Diccionario: muchos de sus adeptos opinan que el DRAE tiene que atrapar palabras bonitas no más, definidas para dibujar un mundo la mar de cómodo, feliz y sin sobresaltos.

sábado, 19 de julio de 2014

II, 11. Reflexiones en torno a un solo maniquete


Para José Ángel Sánchez Ibáñez,
a quien también le gusta casi todo del Casares

Ustedes dirán lo que quieran, pero maniquete no es una palabra para quien ignora su significado. Alguien va y lee esa sucesión de grafías, maniquete, o bien escucha la serie de fonemas [manikéte], que es como se pronuncian tales dibujitos, y ahí, todo lo más, hay un signo lingüístico escindido. Porque, vamos a ver, ¿qué quiere decir eso? Eso es una de las partes ininteligibles con que suelen contar los mensajes orales y, sobre todo, los escritos, de suyo más viejecitos. Para convertir eso, o sea, maniquete, en un signo, no queda más camino que consultar un diccionario. (Bueno, o preguntar en Facebook al primero que pase por allí, que es que los hay que se fían de cualquiera.)

sábado, 11 de enero de 2014

VII, 10. Un Gran Hermano lexicográfico (y 3)

Emperrados siguen muchos, por falta de lectura histórica o paseo filológico, en hacer circular la falsa moneda de que el uso fonético generalizado de la grafía jota fue cosa de Juan Ramón Jiménez. Sólo un caso anterior. Esteban de Terreros y Pando dispuso, en su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes (1786), tan ilustrado, logarítmico y sucinto, la siguiente definición de amor: «En jeneral es una inclinación y afecto a un objeto que es, o se concibe, bueno». Tras lo que distinguía entre amor de amistad (afecto al objeto por sí mismo) y amor de concupiscencia, o afecto al objeto por la complacencia que se consigue de él.

sábado, 4 de enero de 2014

VII, 9. Un Gran Hermano lexicográfico (2)

«¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?», «el sexo sin amor no alcanza la plenitud» (¿o era la plenitez?; ¿o el plenilunio?), «el amor sin sexo no sé dónde coño…». Todas estas nonadas y vaciedades de consultorio psicoleches. A ver, queridas y queridos: que amor y sexo vienen a ser, sobre poco más o menos, lo mismo. Déjense de banalizaciones cinematográficas, amén de sacristanes o sexólogos, y miren si no los diccionarios.

miércoles, 1 de enero de 2014

VII, 8. Un Gran Hermano lexicográfico (1)


Para J. P., que sabiamente mezcla
solvencia intelectual, bonhomía y humor


Participo en un foro filológico de Facebook. Otra de mis manías. Hace ciertas lunas, alguien inició un hilo sobre la palabra amor. Tras seleccionar las cuatro primeras acepciones que figuran en el DRAE, preguntaba por las diferencias entre las acepciones 1, 2 y 3, y discutía la pertinencia de incluir la 4. Los filólogos, filólocos y finólogos que pasábamos por allí empezamos a opinar.

jueves, 19 de abril de 2012

II, 5. Hay más cosas que palabras

¿Cómo verbalizamos la vida? ¿Cómo la ponemos en verbo y en verso? Los semantistas postulan que toda lengua se articula en torno a tres coordenadas. La primera es material o fónica: una serie de sonidos o significantes físicos (tangibles en tanto visibles en la escritura o audibles en el habla) que sirven como soporte a los significados. La segunda es abstracta: una ristra de significados o construcciones intelectuales almacenadas en ciertas zonas del cerebro, cuyos cartógrafos las llaman memoria. La tercera es referencial: una secuencia de objetos, reales e imaginarios, que son designados mediante la unión de elementos pertenecientes a las dos series anteriores.

miércoles, 18 de enero de 2012

II, 4. Duradera arbitrariedad convincente

Sea —como fue— la voz maniquete: 1. Mitón que cubre desde medio brazo hasta la mitad de los dedos / 2. Utensilio usado comúnmente por los artesanos alfareros del siglo XVIII / 3. Roquete, baldaque / 4. Manija / 5. Bozal para el perro de caza. Nótese que los jugadores tratamos aquí de despistar mediante la selección de mitón, roquete, baldaque o manija. Son palabras que suenan tan antiguas como maniquete, cuyo sufijo –ete es tan poco frecuente en el español actual que aparece ante la intuición lingüística de los jugadores-hablantes como arcaísmo. A lo que responde también el sintagma «artesanos alfareros del siglo XVIII», que es más de enciclopedia que de diccionario. Sigamos jugando: vote el lector de estas líneas la acepción que le parezca verdadera, y compruébela luego en el diccionario. ¿Por qué se le figuró auténtica la que era ficticia?
A nosotros nos pasó algo parecido.

lunes, 16 de enero de 2012

II, 3. Memoria, retórica y verosimilitud

Parece, pues, que ante palabras especialmente extrañas, cuya estructura asocia la memoria a ámbitos exóticos y a vegetales, la ilusión lingüística y la imaginación acentúan cierto sentido de motivación del signo. ¿Por qué, con otro caso real, la palabra sarandí, ‘arbusto de la familia de las euforbiáceas, de ramas largas y flexibles’, concitó el acuerdo mayoritario en torno al significado de ‘traje’ o ‘tela’?: 1. Tela plateada / 2. Aparato para medir y cortar telas / 3. Traje usado por las tribus de Mugalia / 4. Antiguamente, judío encargado de cobrar impuestos.

domingo, 15 de enero de 2012

II, 2. ¿Arbitrariedad motivada?

Ferdinand de Saussure fue uno de aquellos conspiradores que, desde 1291, adoptaron «la extraña resolución de ser razonables»[1]. Quiero decir que fue suizo. Su Curso (1915) genera en el lector el placer que producen las construcciones intelectuales precisas, no menos que el asombro de todo lo que es inicio de algo, pues no en vano la lingüística del siglo XX es una larga glosa a Saussure.

sábado, 14 de enero de 2012

II, 1. Lingüística y filosofía, o el juego del diccionario

La actividad lúdica es una de las más nobles que haya ideado el ser humano. Lejos de constituir una pérdida de tiempo, jugar es reservar una fracción de vida a la imaginación y la poesía: a la creación. Juego, teatro, literatura se asemejan además en que no satisfacen necesidades elementales, sino otras más plenas, completas y complejas. Son, en efecto, artículos de lujo. ¡Y cuán necesario y humanizador es el lujo!