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sábado, 25 de agosto de 2018

III, 58. Del teatro aplicado a la estrategia política


La figura mexicana del tapado enlaza —una de muchas veces— el teatro con la política. Examinemos, pues, ese fructífero cruce que evidencia —otra de tantas ocasiones— el influjo de la literatura sobre la vida. Partiré del amplio volumen que acabo de leer: Estrategia. Una historia [2013], trad. J. C. Vales, Madrid, La Esfera de los Libros, 2016. Su autor, Lawrence Freedman, lo inicia con una cita del boxeador Mike Tyson, «Todo el mundo tiene un plan… hasta que te parten la cara», y lo termina hablando de literatura. Una cornice de signo dijéramos que escéptico hacia la materia que aborda.

domingo, 12 de agosto de 2018

III, 57. El teatrillo del tapado


Ya saben: Crónica de una muerte anunciada es latiguillo periodístico que se usa a tutiplén para titular mil artículos, reportajes y… crónicas. Más concentrada en el periodismo mexicano se encuentra la frase «Engañar con la verdad», usada lo mismo para un roto que para un descosido. Se aplica así a una noticia falsa —ah, que se dice fake new— esparcida por Televisa (F. Cisneros Calzada, «Otra vez, engañar con la verdad», El Mañana, 23-9-2017) como —faltaría más— al fútbol: «El país entero está obligado a contar la verdad completa, no sólo la que en el presente es imán y conviene a cierta plaza […]. Las emociones al lado de la mercadotecnia pueden conducirnos a engañar con la verdad» (J. Gómez Junco, «Engañar con la verdad», Milenio, 29-11-2017).

domingo, 30 de julio de 2017

V, 23. Pedro Salinas y los marquetineros

Permítanme la hipérbole: se ha puesto de moda, al fin, Pedro Salinas. Vienen leyéndolo ahora los poetas como lo que siempre fue, uno de los mejores del Veintisiete (o, según Carlos Marzal, como «una de las cristalizaciones literarias del 27 que mejor soporta, en su totalidad, el paso del tiempo»), y van los marquetineros inspirándose por doquier en unos versos suyos, «Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú», para anunciar señeros liderazgos, educaciones superiores, tierras de promisión o al menos de promoción turística. Algún crítico del próximo futuro se sentirá movido a justificar este incremento de la recepción saliniana. Para ese estudio de la publicitaria voz a ti debida, Salinas, vaya aquí un hilo del que tirar.

sábado, 24 de junio de 2017

V, 22. Bibliografía con gato encerrado

Extraeré de la reflexión que condujo sobre la covada el doctor Gárate —copiándose entre ellos, los investigadores sociales del XIX estudiaron con gran detalle este fenómeno, del que podría aseverarse lo que «Lugones del canibalismo de los guaraníes: “Nadie lo vio”»— una segunda ley: «es difícil agotar una bibliografía. En cambio se pueden ver sus relaciones de dependencia e inspiración», pues «hasta las mismas palabras y erratas son llevadas de uno a otro» de los trabajos (Literaventuras, «III, 51. Del rigor de la ciencia social (2)»).

lunes, 9 de enero de 2017

VI, 29. Ercilla, inventor de Chile (y 4)

La literatura aplicada de Daniel Devoto (Textos y contextos, 1974) es bien distinta de la que concibió treinta años antes Alfonso Reyes:

Es literatura aplicada la historia escrita con belleza literaria de estilo y forma [...]; no lo es el esquema geométrico de Federico de Onís [RFE, 1915] sobre la transmisión de los textos en una oda de fray Luis de León.[1]

miércoles, 28 de diciembre de 2016

VI, 28. Ercilla, inventor de Chile (3)

Mucho antes de que Colo-Colo inspirara a los hinchas futboleros en su frecuente acción de venirse arriba, Caupolicán, héroe araucano forjado a golpe de endecasílabo recio por Ercilla, había protagonizado un soneto de esos en que Rubén Darío se ponía estupendo: «Es algo formidable que vio la vieja raza…». La pieza fue coleccionada en Azul… (1888), apenas cinco años después de la última derrota mapuche ante el Regimiento Caupolicán, del Ejército chileno. En la visión rubendariana, el «salvaje y aguerrido» Caupolicán lucía «por casco sus cabellos, su pecho por coraza». Hay quienes no quieren resistirse al viejo impulso épico y su armígero son de Marte, que dijera Hernando de Acuña, vecino de Ercilla en años (1520-1580), espadas y plumas.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

VI, 27. Ercilla, inventor de Chile (2)

A tenor de los registros con que contamos, centuria y pico mide el influjo onomástico del magín de Ercilla en Chile. Si en 1862 constataba Andrés Bello, no sin cierta inseguridad, que «debemos suponer que la Araucana […] es familiar a los chilenos», setenta años después ya asentaba Eduardo Solar que «todos los Caupolicanes, las Fresias, las Tegualdas que circulan por nuestras calles reconocen como auténtico padrino a nuestro poeta […]. En Chile respiramos a Ercilla y no lo sabemos» (1933). Es que de moda andina estaba cristianar a los recién nacidos con los nombres de los personajes ercillescos.

domingo, 11 de septiembre de 2016

VI, 26. Ercilla, inventor de Chile (1)

Para José Ángel Sánchez Ibáñez,
que animó a recuperar estas literaventuras

Es un clásico: al poco de emerger una nación naciente, habrá legión de historiadores comprometidos —esa mezcla explosiva— que se lance a la búsqueda de un libro fundante, máxima expresión de la literatura que influye en la vida. El coñac erudito es lo que tiene: unas copas de más de Fundador, y a fabular. Vamos, la «historia y otras barbaridades» a que se refería Guerra Cunningham al tratar sobre la conformación del imaginario nacional chileno[1]. En este caso, tal libro es un poema épico, La Araucana (1569-1589), de Alonso de Ercilla. Madrileño y soldado del Rey.

domingo, 17 de mayo de 2015

III, 53. Canción desesperada

El hallazgo es apenas un fogonazo que relampaguea en Esta boca es mía (1994), uno de tantos temas de Joaquín Sabina que nos acompañan en la calle, en el coche, en la cama, en la noche, cumpliendo con la función última del arte. Ese esfuerzo supremo de hacer algo más soportable la rutina o la vida: «Esta canción desesperada / no tiene orgullo ni moral».

domingo, 10 de mayo de 2015

XI, 10. El final de la cuenta atrás (y 5)


0 (10 de mayo de 2015)

El Círculo Historiográfico Marconiano sobrevive con el objetivo, más que de divulgarla, de reflexionar sobre la obra del amigo Ataúlfo. Sentados alrededor de la mesa de cierta casa de comidas, y ajenos a cualquier ritual no previsto por su carta, los integrantes del Círculo nos acogemos al eco difuso del banquete platónico para interpretar —es decir, para aplicar— las ideas del maestro. Por ser la mesa redonda, abolida queda cualquier jerarquía: nadie se ve forzado a conceder la palabra al igual. Las intervenciones brotan simultáneas y extrañas al corsé de un inexistente orden del día. Tal experiencia desmiente la linealidad del tiempo y de la escritura. El vino circula profuso para reforzar nuestros lazos con la realidad.

sábado, 2 de mayo de 2015

XI, 9. El final de la cuenta atrás (4)


2 (h. 1978)

En la deslavazada carpeta de apuntes que Ataúlfo Marconi denominaba Preludios y prospectivas, una leve nota que debe conjeturarse algo anterior a 1979, «La demolición del texto parodiado», aclara un singular proceso de causalidad: el texto A (el parodiado) va naciendo a medida que el texto B (la propia parodia) está siendo leído; por tanto, no es A causa de B, sino su consecuencia. Sólo una falta de respeto a la lógica y a la cronología sostendría, pues, que A es anterior a B. Marconi, empero, reconoce que resulta ilógico y acronológico anteponer B a A, excepto si el abecedario fuera otra celada de una gigantesca ficción. Para sortear este callejón a todas luces sin salida, cierra Marconi su incompleta nota con una reflexión inquietante: «El proceso paródico pone en riesgo de demolición, más que al texto subvertido, nuestras certezas sobre el transcurrir del tiempo. La parodia atenta contra el calendario».

domingo, 26 de abril de 2015

XI, 8. El final de la cuenta atrás (3)


4 (19 de abril de 2015)

Por caprichoso efecto feliz de las frágiles mariposas cuyo leve aleteo termina por causar maremotos en un quinto pino de la paradójica teoría del caos, Pablo Iglesias había publicado el texto esencial de entre los anudados en «El final de la cuenta atrás» («Por qué regalé Juego de Tronos a Felipe VI», El Mundo, 19-4-2015), un día después de iniciada esta serie de posts que indagan en el juego de tiempos.

martes, 21 de abril de 2015

XI, 7. El final de la cuenta atrás (2)



5 (1934-1852)

Digno de indagación le parecía a Lerma que la General estoria de Alfonso X o la Vida de Teresa de Jesús se leyeran dentro del canon literario, mientras que textos análogos, así El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852), de Karl Marx, figuraran como filosóficos o historiográficos. En sus Espejismos (1934), el sutil ensayista Zacarías Lerma analizaba la función en esa obra del narrador omnisciente, y a ratos periodístico, que encaja con éxito el relato sobre la contienda francesa de mediados del XIX en su tesis preconcebida. Obediente a la legislatura dialéctica hegeliana, El Dieciocho Brumario probaba —al margen de la acumulación de nombres, estratagemas y sucesos— la validez de esas mismas leyes, que inscribían las derrotas de hoy como victorias del mañana. La filosofía y la historia eran, definitivamente, géneros literarios persuasivos.

martes, 26 de agosto de 2014

VI, 25. «Non nova, sed nove»

La intertextualidad no solo corrobora que «no se hace nada nuevo bajo el sol» (Eclesiastés, I, 9); también es indicio de que la literatura y otras expresiones artísticas brindan plantillas para moverse por el mundo, describiéndolo y reescribiéndolo. Dicta el Libro de estilo (3.21) de El País: «Un recurso fácil y reprobable es titular con otros títulos; es decir, aplicar a un reportaje un título de película, de obra literaria o de una canción. Esta práctica demuestra escasa imaginación y abundante pereza mental.» Asombroso el catecismo este.

sábado, 16 de agosto de 2014

VI, 24. Toparse de oídas es llorar

La oralidad reelabora, según la olvidadiza memoria le da a entender, frases arrancadas de textos. Que se fosilizan luego en comodines proverbiales para que ahí quede el (re)citador: más ancho que largo. Tal extracción por vía oral revitaliza de autoridad paradójica, por cuanto las sentencias transformadas se prescriben en circunstancias alejadas de las previstas en los textos despojados. A costa de ahondar la distancia entre lo que un autor escribió (y no digamos ya lo que quiso escribir) y lo que se le atribuye, estas acuñaciones literaturizan también la vida.

viernes, 18 de abril de 2014

III, 47. Del rigor de las fuentes (o que así me lo contaron)


Para José María P. H., compañero
en tiempos estudiantiles ya brumosos,
que me dio la pista del texto de Tigre Juan.

A la luz del principio que regía aún en borrosos tiempos medievales, que lo escrito es lo verdadero, es posible reconstruir el proceso que pudo haber conducido al pasaje estraboniano sobre la covada. En 1945 anotaba García y Bellido que ciertos escritores clásicos adjudicaron dicha práctica a cántabros, corsos y aquel pueblo que dormitaba en la región asiática del Ponto, los tibarenios. Y luego sitúa la supuesta costumbre, diz que vigente en su actualidad, en la cornisa cantábrica, corroborando las líneas de la Geografía de Estrabón. Sin embargo, García y Bellido no remite a textos o documentos, ni aduce prueba alguna. De modo que omite —tal que un poeta— los detalles a que alude en su anotación, y hasta las fuentes clásicas. (Que, conviene subrayarlo con un paréntesis y varias pausas, eran además eso que ahora llamamos literarias.)

sábado, 12 de abril de 2014

III, 46. Del poder de la ciencia poética

La palabra escrita es garantía de perdurabilidad. El axioma viene desde la Antigüedad, que ya es trayecto. Con la escritura pudieran salvar los hombres las acometidas del tiempo. El mono sapiens: tal que los crecidos dioses. Tablillas, papiros y pergaminos aseguraban, de tan tenues, que las obras humanas se mantendrían en la memoria, una vez resueltas en polvo aquellas obras y sus personas creativas. El valor mágico de los dibujitos breves y eternos; las grafías, digo.

sábado, 15 de febrero de 2014

VI, 23. Tarea pendiente

Cargado de razón poética («Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol»), lo sentenció Huidobro en su manifiesto creacionista: «Un poeta debe decir aquellas cosas que nunca se dirían sin él». Interesante resultaría explorar lo que de estética marxista hay en la base del creacionismo. Esta mi manía de provocar.

sábado, 21 de septiembre de 2013

IX, 14. Espíritus vitales

Se experimenta el proceso de ficcionalización progresiva no solo en textos políticos como El Concejo de Furió o las Constituciones de 1812 y 1978. También en los científicos. Y no me refiero ahora a la llamada «deriva mística de la física actual», pues tengo la fea costumbre de no hablar de lo que no entiendo. Así que volveré la vista al Examen de ingenios para las ciencias, del sensato Huarte de San Juan. Aquel primerizo libro de psicología —que tanto gustaba a Cervantes— traía a colación «los espíritus vitales», «los cuales andan vagando por todo el cuerpo y están siempre asidos a la imaginación y siguen su contemplación». De suerte que, cuando un hombre «está contemplando en alguna mujer hermosa», «luego acuden estos espíritus vitales a los miembros genitales y los levantan para la obra». Una indiscutible verdad científica a finales del siglo XVI.

domingo, 18 de agosto de 2013

III, 37. Otra «nibola», 5. Las primadas

Avezado viajero por las líneas de alta velocidad de los subterráneos pancrónicos de la historia, Francesillo de Zúñiga podía simultanear el rollo catalano-leonés y veraniego de Máximo Lima Ferrer, con cierta entrevista al sur de Despeñaperros, uno de aquellos topónimos que el esperpento dictaba, de rato en rato, al mapa. Que acababa de girar nueva visita por Andalucía. Meses antes se había prometido el de Zúñiga darse un garbeo por las tierras que bañaba el Betis, tras leer aquella afamada carta intitulada «Divinas palabras», que el ex interventor de Al Andalus redactó para largar sobre el caso de los ERE de falsa moneda. Supuso Francesillo que aquel alto funcionario de la cosa del gestionar, que a pesar de todo intertextualizaba a lo Valle-Inclán, no más se hallaría en el Coto de Doñana, reducto de especies en vías de extinción.