Observemos
una señora paradoja. Quizá la madre de todas: el clima y la historia comparten la
constante del lento cambio continuo. Razón por la cual, en cualquier punto del
trayecto se da, por fuerza, una coincidencia con algún punto anterior. Por eso
lo absurdo de la exclamación, entre sorprendida y corajuda, «¡En pleno siglo
XXI!», hija de la superstición del progreso que se niega a constatar que los
cambios se producen sin objetivo alguno. O dicho con giro que inventaría
Quevedo: sin ton ni son.
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domingo, 12 de julio de 2020
viernes, 9 de marzo de 2018
IX, 47. La regla de tres de Jorge Manrique
Corrían por el seminario de Julio Marconi —sí,
el hermano del teórico Ataúlfo
Marconi— aires de una nueva historia de la literatura. Historia que
fuera ajena a los «viejos moldes retóricos de corte decimonónico (coherencia
narrativa, flujo temporal lineal, períodos unitarios, transparencia del código
empleado, neutralidad expositora, etc.)» con que había Santiáñez-Tió caracterizado a la ya manida y desgastada, mientras esperaba que un «historiador interesado en
relatar la multiestratificación del tiempo» la superara con los recursos de la
«narrativa experimental y modernista»: «pluralidad de voces, simultaneidad de
escenas, polisemia, multilenguaje, montajes paralelos». Avivo el seso y recuerdo ahora el caso de las Coplas a la muerte de su
padre con
que, preparando esa venidera historia literaria reversible —o sustentada en las
curvaturas del tiempo—, ensayaba Marconi.
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