Una experiencia compartida: cuando se
explica la lengua propia a estudiantes no nativos, preguntan estos por asuntos
que uno ni se había planteado. Suele ser porque quien aprende una lengua ajena
espera que ésta responda a los mismos criterios que la materna y, sobre todo,
que ofrezca soluciones lógicas o planas. Por ejemplo, en lo que acabo de
escribir, «cuando se explica…», la regla poliédrica cuando = si rompe los esquemas, porque, como los niños, quienes
aprenden otra lengua requieren soluciones unívocas. Pretenden una lengua
lineal, con una sola dimensión: una lengua artificial en que si fuera marca exclusiva de
condicionalidad y cuando marca
exclusiva de temporalidad.
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domingo, 16 de abril de 2017
lunes, 23 de marzo de 2015
V, 19. El español en bragas (y 3)
Para Geles, que me regaló un poema
menos extraterritorial que extraordinario
No
menos ajena a los hechos que la ecuación lengua = cultura es otra
identificación: a una sociedad corresponde una lengua. Interferencia que lleva
a la definición de La Mancha
Extraterritorial como el conjunto de «quienes eligieron el español como
lengua literaria» viniendo de otros idiomas. Entre otros, al parecer, Arguedas o
«el guineano Donato Ndongo-Bidyogo». ¿Pero cuál creerá Iwasaki que es la lengua
materna de los ecuatoguineanos? Hacia atrás, podría haberse incluido en la
lista a los portugueses Jorge de Montemayor o Manuel de Faria e Sousa; a la
inversa, al abate Marchena. Quiero decir que es sencillo multiplicar los
ejemplos: fuera de la geografía fantástica del Romanticismo y sus prejuicios
nacionalistas, apenas hay un territorio en el mundo manchego donde a una
sociedad no corresponda más de una lengua. Y qué decir de cuando los escritores
viajan más allá de sus bibliotecas y se empadronan junto a ajenas estanterías.
domingo, 8 de marzo de 2015
V, 18. El español en bragas (2)
Para Pep Alagarda,
otro partidario de la lógica implacable
Adepto
a la ecuación reductora lengua = cultura, ese extrañísimo legado
del Romanticismo, Iwasaki queda prisionero de su propio corralito
de contradicciones. Pronto, la ecuación dicta su axioma máximo: «La importancia
de una lengua no radica en el número de sus hablantes». De lo contrario, «el
chino y el hindi serían los idiomas más importantes del planeta. La aritmética
no debería tener la última palabra en materia cultural». Quiebro cumplido: el
argumento empieza por la lengua y termina por la cultura. En ese trayecto, la
lógica salta por los aires. Por ejemplo: si el chino no es uno de los idiomas
principales del planeta, ¿por qué cada vez más gentes, desde todos los rincones
del susodicho planeta, se empeñan en aprenderlo? Ah, sí: por la milenaria
cultura que atesora el juego estético de sus fonemas.
domingo, 15 de febrero de 2015
V, 17. El español en bragas (1)
Para Maria Llopis,
que megusteó el spoiler
Vaya
por delante que aprecio, y mucho, la escritura inteligente y provocadora de Fernando
Iwasaki cuando va en plan crítico literario o cultural. Por caso: «La polla de
Cervantes. Consideraciones sobre cómo la remetería y qué pajillas echaría»
(2005), uno de esos trabajos que, de vez en cuando, introducen el aire fresco de
las bienhumoradas plazas en la bibliografía académica, aquí referida a la literatura sexual. Sin embargo, ya saben que en
español (lengua que llaman así en todos los sitios, excepción hecha de España)
el giro vaya por delante es uno de
esos anunciadores —y por tanto destructores— de la intriga que la gramática,
tan miope y atenta en exclusiva a los huesecillos de un idioma, no es capaz de explicar.
Ya se lo digo yo: el giro anticipa que por detrás viene, según es costumbre, el
postre. Eso que Iwasaki llama «dar por cubo» en su artículo «Las bragas de
Pitágoras. Teorema en torno al erotismo y la pornografía» (1996). Donde de
pasada (p. 111, n. 5) se menciona al amante hortera Carlos de Inglaterra, que
fue ya asunto de un par (IV, 2 y IV, 3) de literaventuras.
viernes, 28 de febrero de 2014
V, 16. Enseñanza de español en guerra (A2)
Un
texto disfrazado de contexto: la exitosa broma del contexto
histórico. Asunto de redacción más o menos hábil. Pongamos la Guerra de
Sucesión española y empecemos a acotar verbalmente, según lo previsto por la teoría
lingüística del bonobús. Carlos II va y se muere, costumbre muy extendida
entre eso que ahora se llama, con otra broma, raza humana. Los pertenecientes a dicho colectivo, tan dados a la
inercia, suelen ocupar como sea el nicho (ecológico y/o de mercado) que haya
quedado vacante. En este caso, el trono de España, pues que Carlos II dejó a
medias —era su forma de ser— la divina sugerencia de crecer y multiplicarse.
Contra lo que es habitual en un rey, este no se desveló por prohijar, ni
siquiera en el modo bastardo. Tal ausencia de acto o, por seguir en términos
aristotélicos, impotencia, activó el automatismo de los pretendientes. Dado que
la monarquía requiere —de ahí su nombre— uno solo, la concurrencia en el (con)texto
que nos ocupa de dos aspirantes, uno francés (Felipe V) y otro alemán (Carlos
III), habilitó la opción por estas que me las pagas. El resultado: la Guerra de Sucesión española.
domingo, 1 de diciembre de 2013
V, 15. Enseñanza de español en guerra (A1)
Deseable
alcanzar la belleza de la razón científica. Imitando, por ejemplo, la costumbre
de los matemáticos de buscar las hipótesis explicativas más potentes y
sencillas. Pongamos: una lengua se aprende o por obligación o por placer.
Dejemos de lado ahora, bien que con disgusto, el placer: otro sinónimo aquí de
la voz filología.
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