miércoles, 31 de diciembre de 2014

X, 19. Índices, 34-36 (octubre-diciembre 2014)

Será cuestión de ir despidiendo el año. Otro ciclo o circo que se cierra. Con mi agradecimiento a quienes, desde 74 países[1], se acercaron por aquí dejando 19400 ecos de lectura o compañía. Que sean felices: si no cuanto deseen, al menos cuanto puedan.

martes, 23 de diciembre de 2014

IV, 14. La funeraria del purismo

Fundéu es palabro que parece que no, pero al resonar en su música verbal un como inicio de obra concebida por la infinita sabiduría divina, atesora mucho postín purista. Un deus ex machina que resuelve problemas lingüísticos con galanura. Oculta tal neologismo, pues, mucho desvelo de remonte secular por las altas cordilleras de la corrección idiomática. Porque la Fundéu, Fundación del Español Urgente, es benemérita asociación dedicada a la tarea de salvaguardar el idioma del trote que le vamos dando. Que es que nos gusta mucho hablar y gastar morfemas. Se suma de este modo la Fundéu a la empresa histórica de colocar la lengua dentro de una vitrina, no vaya a ser que con la calor, o con el frío, según, se nos ponga mala o se estropee. Y la lengua hay que cuidarla. No en vano, de todos es conocido que lengua no hay más que una. Y mejor si pura.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

III, 52. El pequeño pez Nicolao

La Silva de varia lección (Sevilla, 1540), de Pedro Mexía, es libro que debiera, o a lo menos pudiera, seguir siendo de cabecera, como lo fue para Cervantes y —en sus cien ediciones y traducciones de los siglos XVI y XVII— para toda Europa. Tomazo de referencia para quienes apetezcan, con mente libre y abierta, disfrutar de los manjares de la memoria servidos bajo la especie de innumerables noticias, relatos, saberes y demás aventuras intelectuales. A manera de enciclopedia espléndidamente ordenada en apariencia. Un gimnasio para la inteligencia, la curiosidad y el pasmo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

X, 18. Senda de espuma

El tamagochi del blog exige que lo alimente, que ya son días. Sucede que los nochinoviembres no me han inspirado nunca. Así que este bloguero, que va algo liado —por si fueran poco el viento frío y las noches con prórroga— en madejas de encrucijadas de eso que antes se conocía, en el coloquio digo, como vida real y resultaba ser, hablando técnicamente, flujo espaciotemporal que se escapa del cedazo de las redes sociales, sigue varado en su yo de ex poeta: los versos nos salvan (parcialmente, por supuesto) de tantas perplejidades y ansiedades, no menos que del exceso de importancia y compostura. Que acabo de acordarme, quiero decir, de esta «Senda de espuma». Ustedes perdonen.

sábado, 25 de octubre de 2014

X, 17. Para abolir el tiempo

El blog sufre rachas —curiosa palabra, que ahora quiero creer hermana de razia— de inactividad. Suelen coincidir con la hiperactividad del bloguero en otros ámbitos, por otras nubes, en lares más o menos ajenos o alejados. Al regreso, como que ha crecido el cansancio y se ha perdido entrenamiento. Y en estas, una estudiante griega de hace unas promociones, Athiná, me escribe para que le envíe algún poema mío. Goza Athiná de esa exquisita intuición que brota de la peregrina mixtura de sensibilidad e inteligencia. Cómo no va a llamarse Atenea. ¿Y por qué supones que alguna vez compuse poesía?, le pregunto. Da lo mismo: lo sabe.